para llenar la habitación de sandalias descubiertas y permeables.
Después de las lluvias la semana nos sorprende con un cielo azul añil por la mañana, un cielo azul cielo al mediodía, y un cielo rosado al atardecer, adornado con unas pocas nubes de algodón de azúcar que tienen el detalle de estar solo de paso a la hora crepuscular.
Las máximas de hoy hablan de veinticinco grados centígrados, huele a verano. El sol huele a verano, el aire huele a verano, la piel huele a verano, y no se palpa porque todavía es primavera.
En literatura, como en las culturas más antiguas, la primavera se establece como la reina de los renacimientos, los alérgicos sabrán de lo que hablo seguro. El invierno de la vida, como cualquier otro invierno, deja un rastro de muertes y pérdidas. Y después todo es tan fácil Vuelve la primavera y todo vuelve a nacer. Tres días y resucitó. Reunió las siete bolas de dragón y resucitó. Le tocó la persona adecuada, otro murió en su lugar, y resucitó.
Desmintamos los rituales paganos. Desmintamos los dibujos animados. Desmintamos el domingo de resurrección. Desmintamos la primavera.
Después de la muerte, no se vuelve a la vida. Después de la muerte, se llega a la nada, y no dura tres días ni existen bolas de dragón. Después del invierno no llegará la primavera, no verás almendros llenos de flores rosadas ni flores de cerezo repartidas por el suelo como un manto de terciopelo, no harás volar dientes de león. Después del invierno hará más frío que durante el propio invierno, aunque sea agosto, aunque los 40º deshidraten poblaciones y ríos. Después del invierno, el negro. Después del invierno, el vacío. Después del invierno, no hay fe que valga. Después del invierno, el llanto. Después del invierno, el silencio. Después del invierno, el dolor que no se quita con ibuprofenos.
Después del invierno... ¿perdona? ¿hablabas de azul añil y del calor del sol? ¿dices que pronto llegará el verano?
¡Ah! ¡qué bien! ¡por fin llegó la primavera!