dimecres, 24 de novembre del 2010



Mi corcho en su pobreza casi extrema. Está bien renovar, es necesario, imprescindible, pero cuando un cuadro de imágenes se queda en cueros -salvando las prendas que cubren sus partes más íntimas-, vestirlo de nuevo nunca es tarea fácil. No lo quieres ver vacío -de lugares, de momentos, de gentes-, pero necesitas que haya espacio para el mañana. No puedes prescindir de tal gente, pero si quieres hacerlo de tal momento. O al revés. Te gustaría quedarte con cierto momento pero te gustaría prescindir de cierta gente. Y tú, que dejaste huella y ya  no estás, ¿te quedas o te vas? ¿Qué hago con esas pintas que me espantan pero la sonrisa de esa foto no es como en ninguna otra? Se necesita un cambio y se juega con un espacio de tantos cm x tantos otros cm hasta desdibujar lo vivido, hasta soñar lo que queda por vivir. Y piensas... Ésta foto irá aquí. Coleccionaré este momento e irá al lado de mi hermano y de mí vestidos con cuadros escoceses y terciopelo. Pero ¿cómo podemos tener tales certezas? ¿Y si lo reciente lo desborda y no queda espacio para el ayer ni para el mañana? Y soy alguien muy necesitado del ayer, y del mañana para que el ayer no se repita. ¿Y las personas que faltan? ¿Y los momentos que no están? ¿Por qué minutos que te hacen sentir viva al recordarlos no tienen cabida en un corcho? ¿Es necesario que sea tan selectiva? ¿Y si un día me faltas y no estás? Al darme cuenta no tendría más remedio que echarme las manos a la cabeza y pensar "¿qué ha sido eso? ¿cómo pasó?". ¿Y si un día te echo de más y ya has hecho el corcho tuyo y has impregnado tanto que es imposible echarte? Entonces pensaría, "qué necia fui, dejar que te quedaras aquí, darte tanto espacio sabiendo que todo es tan volátil". Y cuando las imágenes del corcho se vuelven tan dolorosas que no las puedes quitar pero tampoco puedes permitirte el lujo de saber que están ahí, ¿no es un riesgo para ser sólo un corcho? 
Quizás le vista para salir de party, y en este momento sólo necesito un modelo de tarde. 

Por suerte, siempre puedo volver a desnudarlo y vestirlo. 
Y las instantáneas que se van del corcho, se van a un álbum no al contenedor azul. Por si un día tengo que echar mano de ellas, muy brevemente, que las pueda encontrar entre las páginas cálidas de los instantes de luz. 

dilluns, 15 de novembre del 2010

¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Escucho a Pepe Risi, o a Loquillo, y te veo.
¿Qué clase de aventura has venido a buscar? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo encajas en este rompecabezas? ¿Qué piezas de los puzles que habitas te completan?
Tú, la eterna niña de los ojos tristes (sigues teniendo carita de pena, pero no me mires con tus ojos tristes), y de la perpetua sonrisa (algunas duermen a la luz de la luna persiguiendo sueños imposibles). Hasta tus facciones se llevan la contraria.
Vives abarcando tanto que ningún sitio es tu lugar, que el mundo entero es tu hogar y tu te desperdigas por allá donde pasas para dejarte entre las olas del mediterráneo, los bares de madrid, y tu revolución personal en las tierras del cono sur.
Nadando como puedes entre la rebeldía y los años. Rescatando tus necesidades del fondo de tus compromisos de otras épocas. Con tu aro a los 25 y tus tacones pisando fuerte, los labios pintados de rojo y que no se diga.
Tan frágil y tan fuerte.
Tan inquieta y tan persistente.
Siempre buscando, siempre encontrando... más preguntas que responder.
Tú, "mujer fatal", y a la vez la que advierte, "no intentes atraparme, he aprendido a volar". Pregunta y respuesta.
Cómo no andar de tu mano, cómo no saber que siempre hay un abismo que sólo tú puedes dejar cruzar.
Contradicción entre las contradicciones.

Tú, faro. Siempre brillarás para los que no sabemos dónde encontrar.