diumenge, 14 de febrer del 2016

Escoger(se). Celebrar(se). Querer(se).

Facebook me recuerda que en un día como hoy
...hace un año, lo celebraba con mi abuela.
...hace dos años, lo celebraba con mi abuela.
...hace tres años, lo celebraba con mi abuela (y virtualmente con Irene).
...hace cuatro años, lo celebraba con mi abuela, que no se creía que le regalásemos un viaje a Londres sólo para que nosotros, sus nietos, pudiésemos disfrutarla y celebrar lo muchísimo que la queríamos juntos.

Sí, el día se aventuraba difícil desde un comienzo. Desde el pasado 29 de noviembre, desde el diagnóstico que nos dieron hace poco más de un año. Difícil es un término amable pero que no podía coger por sorpresa a nadie.

Así que cuando me dijeron "¿Hacemos un desayuno de san valentín el domingo?", estuve tentada de decir que no, porque ese día era nuestro, de mi abuela y mío, y si ella no está, mira, casi que prefiero el pijama, que ya me he tirado mucho tiempo pintándome los morros de rojo  un catorce de febrero tras otro por y para ella. Lamerse las heridas es cómodo y a todos nos gusta, que lance la primera piedra quien esté libre de culpa.

Tentador, sí, pero ¿qué iba a ganar con ello? La respuesta es única: nada.

Así que hoy me he escogido. Me he escogido por encima del tedio y el vacío (que no he dejado de sentir ni un segundo durante lo que llevamos de día, y ya casi son 24 horas). Me he escogido por encima de la dejadez y las pocas ganas. Hasta me he visto medio mona en el espejo antes de salir de casa, que últimamente lo de verme estupenda parece que me está costando más de lo habitual. Y no, no ha habido labial rojo, pero sí un granate de esos que te hacen sentir Xena, la princesa guerrera

Me he escogido y no he sido la única. Mi cita y yo nos hemos plantado en una de las cafeterías (brunchería reza la descripción, hay que estar al día) más bonitas que hemos pisado en Barcelona y hemos desayunado como reinas, que a mí lo de princesa se me queda pequeño. Nos hemos mirado después de una tarta de almendra, naranja, leche de coco y semillas de amapola que no tiene descripción posible, y hemos hecho un ejercicio de amor propio de los que cuestan el alma, te recorren entera y te quitan hasta las canas. Nosotras, con tanta convivencia a las espaldas, tan acostumbradas a la desnudez de la otra, tan habituadas a ver a través de sus ojos, y que todavía tengamos tantos rincones por descubrirnos, que todavía nos escondamos verdades de las que duelen tan adentro que no quieres ni mirarte por no verlas, por no sentirlas, por no padecerlas. 

Entonces llega el día, casualmente un catorce de febrero, y nos queremos tanto a nosotras mismas que las decimos en voz alta, y nos queremos tanto la una a la otra que nos quitamos una capa de piel en una cafetería del Eixample, con Nina Simone sonando de fondo a ratos. Y estamos tan felices de poder hablar por nosotras mismas lo que siempre habíamos callado, de escuchar a la otra lo que siempre se había quedado en silencios, de ahuyentar fantasmas a base de complicidad y confianza, que no nos queda más remedio que celebrarlo con una tarta de chocolate y frutos rojos que se nos ha antojado como la mismísima entrada al cielo. Ser valiente con los propios miedos te deja tan liviano que te entra hambre, qué le vamos a hacer. 

Porque hoy es un día para querer, y lo ideal siempre es empezar por querernos. 

No, no ha sido un día fácil. El pronóstico era acertado. Llegados a un punto los días rosas se esfuman sin más. Siempre quedará un rastro, una huella, una pieza que te falta. Cuando se empieza el duelo, se siente eterno, perenne. Siempre habrá vacío, y hoy el agujero ha sido desproporcionado, ha sido doloroso, ha sido un viaje a ninguna parte. 

A ninguna parte y a todos lados, porque somos así de bidireccionales. No he podido dejar de preguntarme cómo podía sentir el peso tan grande de su ausencia y la magnitud de todos los detalles que me hacen sentir siempre agradecida y querida, y en especial hoy: las risas con mis madre cuando intentamos esconderle el regalo de san valentín a mi padre, y lo fácil que es contentarlos con unas nueces de macadamia, contarle a una de tus mejores amigas que te has comprado un labial nuevo y maldecirlos porque nunca son como prometen, contarle a otra de ellas las cosas más absurdas que te pasan y que se ría directamente en tu cara, la compañera de trabajo que te hace de mamá pato y te hace la vida un poco más fácil, la amiga que tira contigo por la borda la operación biquini y te dice "t'estimo" por primera vez, aunque hay gente a la que sabes que querrás sólo con cruzar la primera palabra, los besis de mi hermano y el molde en forma de corazón de mi tía, que si eso el año que viene ya me encargo yo del bizcocho. 

Siempre hay que escoger. Escoger la lista de los pequeños gestos e intentar dejar atrás la de las grandes desgracias. Escoger a las pequeñas personas que hacen la vida más grande. Escoger lo aprendido e intentar desviar la mirada de la pérdida. Poco a poco, escogerse a uno mismo, celebrar las suertes y quererse mejor. 

Si no empezaste ayer, puedes empezar hoy. Sobretodo, se tiene que intentar a diario.

Ser valiente con los propios miedos te deja tan liviano que te entra hambre, qué le vamos a hacer.