divendres, 29 de juliol del 2011

Alteraciones de verano

Esta mañana me venía quejando en Twitter de que mucho bombo esto de la primavera la sangre altera, pero este año las alteraciones están siendo veraniegas y nadie dice nada. No hablo del tiempo, que también, y quizás sea este tiempo tan poco estival el que haga confusas las cosas, sino de alteraciones sanguíneas (como en primavera), hormonales, racionales y emocionales. Y las últimas, son las peores.

Vale que esté un poco tonta porque no tengo a Irene a mano, porque en lugar de disfrutar de Festa Major tuve la sensación de ir tarde a todos lados, porque no me iré de vacaciones (bueno, esto me da un poco igual), porque todavía no me he recuperado del susto de casi perder mi bb (enfermizo, lo sé, pero es lo que hay), y algunas razones más, todas igual de insustanciales (menos lo de echar de menos a Irene), pero lo cierto es que esto es un cruce de caminos y no sabemos por donde avanzar. Vamos dando palos de ciego aquí y allá esperando que el lugar idóneo se plante ante nuestras narices.

Dejamos escapar lo que nos ha costado lágrimas por no tener la paciencia de ceder, nos aferramos a clavos ardiendo como último recurso, como tablas de náufrago a las que confiamos nuestra vida, calculamos meticulosamente nuestras vidas, planeamos metas absurdas que se acaban a los treinta y nos sentimos mal por cumplir años. Nos preocupa avanzar solos en el camino, descubrir que no hay media naranja y tener que asumir que uno realmente puede llevar su propio peso, claro, que hacerlo descansar en otro es más sencillo. Hay algo que falla.

Después de leer mucho Murakami (más que mucho, muy seguido), me estoy quedando tonta entre tantos muertos (tú, que necesidad tiene este señor de suicidar a sus personajes), cojas y animales que en realidad son guías espirituales, pero si en algo coincido (además de en otras cosas, seguro), es en que la memoria de la piel es mucho más resistente que cualquier otro tipo de recuerdo. Cuando conseguimos difuminar el tacto de un pulgar en la espalda, diluimos esa sensación de calidez, las ausencias pierden prácticamente la totalidad de su peso, se vuelven ingrávidas, flotan y se van a un más allá, una vez borrada la memoria táctil, se prescinde del resto de recuerdos con mucha más facilidad. Pero lo habitual es que nos centremos en recordar y no en olvidar, en acariciar la cicatriz una y otra vez hasta que reabrimos la herida, o desangramos la cicatriz. El ser humano es así de inútil.

En mi inutilidad, muchas veces lo pienso: si supieses las cosas tan triviales que me recuerdan a ti. Pienso en ti cuando pido un Mocca Blanco o cuando veo ropa muy hortera en H&M, te cruzas por mi cabeza con el roscón de reyes y los frappuccinos, cuando ceno en un mejicano irremediablemente pienso en ti, ya no te cuento qué pasa por mi cabeza cuando suena marea, ismael serrano, drexler, quique gonzález o sabina. The Rolling Stones siempre tendrá tu cara, hasta te puse 'Satisfaction' como tono de llamada en tu contacto. Siempre que releo o remiro Alicia en el país de las maravillas pienso en ti, o vienes a mi mente cuando alguien bebe whisky o, inconscientemente, hago referencias a cómics. Si veo globos con caritas pienso en ti, y también en ti. Y cuando veo referencias de Harry Potter, ya ni te hablo de Crepúsculo. Pienso en ti cuando voy a un sitio en el que he comido estupendamente, o en ti cuando me he tomado un mojito delicioso. Se cruza tanta gente por la cabeza de uno a lo largo del día por las cosas más diversas y absurdas. Pasan, fugaces, y se van.

Pero cuando pienso en este abrazo, o en este otro, en el silencio de ese día en ese lugar media hora antes de ir a comer, en tus lágrimas o en las mías, en la vez que me rozaste levemente y se hizo un surco en mi piel, en las risas estridentes o en las sonrisas cómplices, entonces es cuando merodeas a tu voluntad, campas a tus anchas y yo contemplo, desde una esquina, como la memoria de mi piel, de mi oído, te resucita y se altera julio, como si fuese mayo y los campos se disparasen de verde floreado.

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