dissabte, 11 de desembre del 2010

vamos a hacer un experimiento. cierra los ojos fuerte fuerte fuerte, tan fuerte que te duelan de tanto apretar. ¿ya está? pues ahora vamos a cambiar comienzos, a desviar caminos ya tomados y a reescribir finales. no es tan complicado, ya lo verás.
ahora puedes relajarte un poco, pero nada de abrir los ojos ¿eh? sino, todo lo que has apretado al principio no servirá para nada, y lo bueno del dolor es que sea limpio, que sea sano. imagínate el paisaje más bonito que has visto nunca. el más más más bonito. si tienes suerte, lo habrás vivido, sino, lo habrás soñado despierto. da igual, no importa, hará el mismo efecto.
¿estás allí? perfecto. es muy importante que tengas muchas ganas de estar allí, porque vamos a tener que hacer una mudanza, siempre tan pesadas y cansadas.
empezamos con la mudanza. puede parecer fácil, coger de las estanterías y colocar en cajas según lo que se guarde. pero tendremos que tener paciencia, aunque seguro que lo consigues.
en la primera caja tienes que colocar las sonrisas que te acompañan en los días grises. o en los días rojos -quién sabe si estarás delante de tiffany's con un café para llevar en una mano y un baggle en la otra, como audrey en desayuno con diamantes-. las sonrisas en los días grises son el salvaconducto de la nada a la porción diminuta de entusiasmo que te hace curvar los labios, salvándote el día. dicho de otro modo, son imprescindibles para ser un superviviente. no cierres la caja, quién sabe si en cualquier momento la mudanza se vuelve gris y aparece una sonrisa improvisada para meter en la caja.
en la segunda caja colocaremos los abrazos. los buenos, los de verdad. los que duran un segudo eterno. los que reconfortan, los que tranquilizan. los abrazos en los que te podrías dormir sintiéndote a salvo de todo. las sonrisas dan el instante de luz, los abrazos consiguen tirar de él, que el instante sea lo largo que uno necesite.
la cuarta caja irá repleta de manos. de tu mano con la mano de quien anduvo, de quien anda, a tu lado. la mano a la que te agarraste cuando flaqueaban las fuerzas, la mano que estrecho la tuya cuando te paralizaste, la mano que, simplemente, acompañó un trozo de tu camino. ellas hacen la vida. en esta misma caja también puedes meter algún pie, dar pasos con la persona correcta en el momento correcto no se puede perder en una mudanza, tiene que guardarse como el mayor de los tesoros.
¿cómo va la tarea? ¿has sonreído mucho? ¿se han abierto llagas? ¿ha dolido? no te preocupes, son meros gajes del oficio.
ahora viene la peor parte, deja las cajas y coge sacos, que lo que tenemos que empaquetar ahora es muy pesado y una caja sólo empeoraría las cosas. más peso a lo insoportable. es un don que sólo tenemos los humanos.
abre el primer saco y guarda todos tus rencores. todos. ¿qué ocurre? ¿no lo consigues? prueba con la rasqueta, y rasca y rasca. ¿estás sangrando de tanto rascar? los rencores siempre dejan heridas, cicatrices. el rencor no es más que un dolor tan insoportable que necesita de alguien más para llevar la carga. lo siento, pero sólo tienes dos opciones, o que queden restos, o que quede cicatriz. sí, sea lo que sea, pierdes. sea como sea, apura al máximo también.
al segundo saco que se vayan los odios. sin más.
al tercer saco, los llantos. el desaliento. la desesperanza. la desilusión. la decepción. el desencanto. la desidia. el hastío. las caídas. el abandono. la miseria.
¿cuántas heridas has abierto con los sacos que no abriste con las cajas? ah.... puede ser. puede ser que hayas abierto las mismas heridas. ¿cuántas de las sonrisas de las primeras cajas ponen punto final a los síntomas del tercer saco? ya veo... y todavía te sobran sonrisas ¿no? qué bien hacer balance positivo... la balanza todavía se puede desequilibrar. pero, ¿de verdad? ¿de verdad andaste de la mano con todas las personas a las que odiaste? ya... qué paradoja. qué complicada es la vida. sabes que pasa... que el odio (que no la indignación por las injusticias, el desprecio a la autoridad totalitaria, el horror ante la maldad humana) suele ser el extremo punzante del amor. sólo una línea, y nunca hacemos caso cuando nos lo dicen. ¿y qué pasa con las cicatrices que ha dejado la rasqueta? una cicatriz... siempre estará ahí. no se va. una mancha en la piel, como las que salen después de una quemadura dolorsa a causa de cinco días de playa sin protección solar, tampoco. la balanza anda a tientas, y parece que las boslas tienen un peso pesado, nunca mejor dicho. pero cuando me abrazaste... fui incapaz de sentir ningún dolor, de notar ninguna cicatriz.
¿lo has entendido? ¿has visto que tienes que hacer?
tienes que buscar en las cajas, remover en la luz y sacar ese instante de lucidez. colocarlo en el desvío que creíste equivocado. en el final que siempre se supuso devastador. en el principio que desearías que no hubiese existido.
no se trata de cambiar lo vivido. que, oye, a lo hecho pecho y no se puede volver atrás.
pero, ¿quién sabe?
quizás cuando abras los ojos después de haber apretando tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte, el destello de luz sea tan grande que no sepas dónde has dejado los sacos después de la mudanza.