Este año, por
primera vez, no tengo calendario de adviento. Después de deshacerme unas pocas
semanas atrás del calendario de diciembre de 2012 con la mitad de chocolatinas
todavía por descubrir, era la mejor decisión. ¿Por qué estaba todavía a medias?
Porque el chocolate con leche lo tengo prohibidísimo, y si me lo permito, que
sea a lo grande, no con una chocolatina diminuta. Total, que cuando pienso en
adviento, me vienen a la cabeza los calendarios de chocolatinas y las cuatro
velas los domingos en misa; así que este año ni pa’ti, ni pa’mí, porque uno no
lo como y lo otro cada vez me cuesta más tragarlo.
Para los que estéis
perdidos y no sepáis de qué va la cosa, el Adviento, en el calendario
cristiano, es la cuenta atrás para la llegada del niño Jesús, el 25 de
diciembre a las 00.00, hora mágica para la Misa del Gallo, obligado ritual de infancia. Independientemente
de que uno celebre la llegada de Nuestro Señor Jesusito, el Solsticio de
Invierno, el inicio de las vacaciones, o que llegue enero y mandar a tomar por
saco los años lamentables, diciembre es un mes de cuenta atrás. Incluso hay
quien cuenta atrás para que se termine la Navidad, que nunca llueve a gusto de todos.
Desde luego, no es
el caso. La Navidad
me encanta. Me encantan las calles iluminadas, los escaparates vestidos de gala,
escribir alguna postal, sacar las decoraciones y ponerse manos a la obra;
incluso me gustan algunos villancicos y, me gusta el ‘nanarana, nanana’ de
Rafael en el anuncio de la lotería. Adoro las comidas navideñas, las cenas
–incluso en las que no puedo estar-, y los desayunos después de una guardia
nocturna de festivo; con sus discusiones, sus peleas, sus apuros y nuestra
imperfección en todo su esplendor; pero sobretodo, con su familiaridad, su
cotidianidad, su confianza, sus copas de más y sus vergüenzas de menos, sus
sobremesas inacabables, sus fotos tontísimas, y también las casi formales de
familia. Me gustan algunos turrones y los roscos de vino más que los polvorones;
espero con ansias els galets de Nadal, la comida de Sant Esteve y el roscón de
reyes. Me gusta empezar el año con una comida familiar, aunque en la mesa
seamos más zombies que personas. Disfruto con los villancicos para hacer cagar
al Tió, y arreándole de par en par todos los primos juntos. Me gusta que mi tía
cumpla años el día de los inocentes, ¡y tener una excusa más para celebrar! Me
gusta tener un motivo para decir, ‘no tenemos excusa, ¡nos vemos sí o sí!’.
Me gusta que los
abrazos sean más fáciles y las caras amables más contagiosas.
Me gusta que se
pausen los pesares y se haga un esfuerzo por doblar alegrías.
Me gusta celebrar a
los que vuelven a casa por Navidad.
Este año no
necesito adviento, la Navidad
empezó en Londres el 30 de noviembre, con sus luces, sus reencuentros sus
comilonas; y me la traje de vuelta en el avión para no soltarla hasta que se la
lleven los reyes de Oriente (hasta el año que viene).
| Somerset House - London, Nov'13 |