..la luz que en lo oscuro puedes ver la nada que ahora mismo ofrezco,
cedo mi vacío y mis desesperanzas,
doy a un postor cualquiera las horas no dormidas, las noches veladas, el malsoñar despierta.
dejo al abandono miedos, inseguridades y complejos para quien quiera jugar a ser valiente.
regalo las sobras de mi rotura, las esquinitas mal cuadradas, los veranos que son otoño, las primaveras sin flores ni brisa del mar.
echo por la borda mis despojos y mis ruinas, vigila al pescar.
no enciendas la luz, que en el oscuro puedo ofrecer la nada.
no enciendas la luz, que no quiero compartir con nadie los jirones de mis descosidos.
dissabte, 8 de maig del 2010
no enciendas...
dimecres, 28 d’abril del 2010
Se trasladan zapatos de invierno a habitación en desuso
para llenar la habitación de sandalias descubiertas y permeables.
Después de las lluvias la semana nos sorprende con un cielo azul añil por la mañana, un cielo azul cielo al mediodía, y un cielo rosado al atardecer, adornado con unas pocas nubes de algodón de azúcar que tienen el detalle de estar solo de paso a la hora crepuscular.
Las máximas de hoy hablan de veinticinco grados centígrados, huele a verano. El sol huele a verano, el aire huele a verano, la piel huele a verano, y no se palpa porque todavía es primavera.
En literatura, como en las culturas más antiguas, la primavera se establece como la reina de los renacimientos, los alérgicos sabrán de lo que hablo seguro. El invierno de la vida, como cualquier otro invierno, deja un rastro de muertes y pérdidas. Y después todo es tan fácil Vuelve la primavera y todo vuelve a nacer. Tres días y resucitó. Reunió las siete bolas de dragón y resucitó. Le tocó la persona adecuada, otro murió en su lugar, y resucitó.
Desmintamos los rituales paganos. Desmintamos los dibujos animados. Desmintamos el domingo de resurrección. Desmintamos la primavera.
Después de la muerte, no se vuelve a la vida. Después de la muerte, se llega a la nada, y no dura tres días ni existen bolas de dragón. Después del invierno no llegará la primavera, no verás almendros llenos de flores rosadas ni flores de cerezo repartidas por el suelo como un manto de terciopelo, no harás volar dientes de león. Después del invierno hará más frío que durante el propio invierno, aunque sea agosto, aunque los 40º deshidraten poblaciones y ríos. Después del invierno, el negro. Después del invierno, el vacío. Después del invierno, no hay fe que valga. Después del invierno, el llanto. Después del invierno, el silencio. Después del invierno, el dolor que no se quita con ibuprofenos.
Después del invierno... ¿perdona? ¿hablabas de azul añil y del calor del sol? ¿dices que pronto llegará el verano?
¡Ah! ¡qué bien! ¡por fin llegó la primavera!
Después de las lluvias la semana nos sorprende con un cielo azul añil por la mañana, un cielo azul cielo al mediodía, y un cielo rosado al atardecer, adornado con unas pocas nubes de algodón de azúcar que tienen el detalle de estar solo de paso a la hora crepuscular.
Las máximas de hoy hablan de veinticinco grados centígrados, huele a verano. El sol huele a verano, el aire huele a verano, la piel huele a verano, y no se palpa porque todavía es primavera.
En literatura, como en las culturas más antiguas, la primavera se establece como la reina de los renacimientos, los alérgicos sabrán de lo que hablo seguro. El invierno de la vida, como cualquier otro invierno, deja un rastro de muertes y pérdidas. Y después todo es tan fácil Vuelve la primavera y todo vuelve a nacer. Tres días y resucitó. Reunió las siete bolas de dragón y resucitó. Le tocó la persona adecuada, otro murió en su lugar, y resucitó.
Desmintamos los rituales paganos. Desmintamos los dibujos animados. Desmintamos el domingo de resurrección. Desmintamos la primavera.
Después de la muerte, no se vuelve a la vida. Después de la muerte, se llega a la nada, y no dura tres días ni existen bolas de dragón. Después del invierno no llegará la primavera, no verás almendros llenos de flores rosadas ni flores de cerezo repartidas por el suelo como un manto de terciopelo, no harás volar dientes de león. Después del invierno hará más frío que durante el propio invierno, aunque sea agosto, aunque los 40º deshidraten poblaciones y ríos. Después del invierno, el negro. Después del invierno, el vacío. Después del invierno, no hay fe que valga. Después del invierno, el llanto. Después del invierno, el silencio. Después del invierno, el dolor que no se quita con ibuprofenos.
Después del invierno... ¿perdona? ¿hablabas de azul añil y del calor del sol? ¿dices que pronto llegará el verano?
¡Ah! ¡qué bien! ¡por fin llegó la primavera!
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