Mi corcho en su pobreza casi extrema. Está bien renovar, es necesario, imprescindible, pero cuando un cuadro de imágenes se queda en cueros -salvando las prendas que cubren sus partes más íntimas-, vestirlo de nuevo nunca es tarea fácil. No lo quieres ver vacío -de lugares, de momentos, de gentes-, pero necesitas que haya espacio para el mañana. No puedes prescindir de tal gente, pero si quieres hacerlo de tal momento. O al revés. Te gustaría quedarte con cierto momento pero te gustaría prescindir de cierta gente. Y tú, que dejaste huella y ya no estás, ¿te quedas o te vas? ¿Qué hago con esas pintas que me espantan pero la sonrisa de esa foto no es como en ninguna otra? Se necesita un cambio y se juega con un espacio de tantos cm x tantos otros cm hasta desdibujar lo vivido, hasta soñar lo que queda por vivir. Y piensas... Ésta foto irá aquí. Coleccionaré este momento e irá al lado de mi hermano y de mí vestidos con cuadros escoceses y terciopelo. Pero ¿cómo podemos tener tales certezas? ¿Y si lo reciente lo desborda y no queda espacio para el ayer ni para el mañana? Y soy alguien muy necesitado del ayer, y del mañana para que el ayer no se repita. ¿Y las personas que faltan? ¿Y los momentos que no están? ¿Por qué minutos que te hacen sentir viva al recordarlos no tienen cabida en un corcho? ¿Es necesario que sea tan selectiva? ¿Y si un día me faltas y no estás? Al darme cuenta no tendría más remedio que echarme las manos a la cabeza y pensar "¿qué ha sido eso? ¿cómo pasó?". ¿Y si un día te echo de más y ya has hecho el corcho tuyo y has impregnado tanto que es imposible echarte? Entonces pensaría, "qué necia fui, dejar que te quedaras aquí, darte tanto espacio sabiendo que todo es tan volátil". Y cuando las imágenes del corcho se vuelven tan dolorosas que no las puedes quitar pero tampoco puedes permitirte el lujo de saber que están ahí, ¿no es un riesgo para ser sólo un corcho?
Quizás le vista para salir de party, y en este momento sólo necesito un modelo de tarde.
Por suerte, siempre puedo volver a desnudarlo y vestirlo.
Y las instantáneas que se van del corcho, se van a un álbum no al contenedor azul. Por si un día tengo que echar mano de ellas, muy brevemente, que las pueda encontrar entre las páginas cálidas de los instantes de luz.

