dijous, 3 de febrer del 2011

¿sabes que pasa? Que a las puertas de los 96, querida, seguirás con las mismas inquietudes...

No te sorprendas cuando te acerques al espejo y no veas ninguna diferencia entre ayer y hoy. No te asustes cuando te vuelvas a acercar y descubras que el mundo ha pasado a través de ti.
Más te vale no desquiciarte pensando en que no puede ser este abismo, que algo tiene que estar mal en ti, que tienes que ser bipolar, o una loca, o todo junto. O quién sabe.
Alguna vez se comentó algo de las contradicciones que albergas, de cómo un sí y un no se retroalimentan cuando viven en casa de la srta. Elena Iglesias Serrano. No me voy a repetir, que puedes ir dos posts más abajo y releer (que parece que este blog está hecho para ti). Pero lo dicho, que no pierdas el Norte por mirar al Sur. Y que no te de miedo dejar de encontrarlo si desvias la mirada hacia otro lado.

Que si algo tienes de bonito, además de otras cosas bonitas, es que cuando sonríes (cuando lo haces de verdad, nada de esas veces que lo haces por compromiso con la vida, que nos conocemos), cuando te invade esa ola -llámale felicidad, positivismo, fe, lo que te venga en gana, lo que necesites en ese momento-, paras el mundo y tu felicidad siempre regresa a ti. Lo bonito de ti es que siempre sabrás volver a esos momentos en que los sueños eran tan infinitos que no se hacían tangibles. En que el dolor era menos dolor, que duraba cinco minutos y hacía daño a medias. Qué bonita que eres cuando haces que el mundo se vista de rosa, y de verde, y de naranja, y de morado, y de amarillo fosforito.

Qué bonito es cuando, de pronto, el mundo te pesa. No porque sea placentero. Sí porque quiere decir que, a pesar de los miedos, te has hecho grande (que no mayor). Qué bonito que les pongas pies de plomo a tus decisiones para que no se las lleve el viento, y sobretodo, para que no te las arranquen de las manos. Qué bonito que seas grande y sepas que tienes que luchar más. Qué bonito que veas que la lucha no se ha terminado. Qué cansado. Qué angustioso. Qué migraña que no se te quita, qué malestar en la tripa que no se pasa. Qué bueno que sepas que hay que seguir andando a pesar de todo. Qué bueno que hayas encontrado lugares, momentos, gentes, gestos, que te acompañen en el camino, que te sirvan de puente cuando el foso se abre.

No temas, corazón -porque si algo eres, es...-, a que pasen los años. Que siempre abrirás interrogantes, que la vida siempre te sabrá a poco y a mucho. Que hay que levantarse cada día, y de todos, hay que empezar a vivir cuando se tiene más ganas de dejar morir el tiempo.

Que, pase lo que pase, siempre llegará el punto en el que sonrías de nuevo, y yo quede subrayada con florescente.

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