Vivimos días tristes y preocupantes, eso lo sabemos todos. El domingo pasaron cosas muy feas en Catalunya, cosas que, por cierto, están pasando ahora mismo en Murcia. La realidad es la que es, y es que se está optando (desde ya hace mucho) por una forma de actuación represora, no es nuevo. Qué no vimos en el 15M. Es lo que pasa cuando lo dejas todo en manos de la derecha y, aún más, de esta derecha.
La cuestión es que el pasado domingo, después de ver imágenes que me parecieron terribles, después de escuchar justificaciones a esas imágenes que me parecieron igual de brutales, me aventuré en algo que no debería hacer, que es hablar de política en una red social. Lo había hecho un poco antes, cuando la GC se disponía a buscar urnas y papeletas, pero después había vuelto a lo mío: la vuelta de mi hermano, problemas del primer mundo y la crisis de los treinta, planear viajes a París con mis amigas de Madrid, recordar que quiero a las de aquí con locura. Pero, sin embargo, después de domingo, seguí en la incursión más sobre la situación social que sobre política; a día de hoy me siguen llegando likes de un post sobre felipe vi, que lo hizo tan y tan mal, de gente que no sé quién es.
Ayer alguien con quien llevo discutiendo de política desde que tenía trece años, y de eso hace diecisiete, tuvo a bien de hablarme de falta de autocrítica, y lo hizo justo cuando estaba preparando un último post -o eso intentaré- de aires políticos en facebook, un post en el que llamaba a la reflexión, por cierto, después de ver y escuchar comentarios desde este lado que me parecen excesivos y desmadrados. Le quise matar, pero diecisiete años discutiendo con él dan para mucho y, entre otras cosas, a pesar de no estar de acuerdo en millones de cosas, sé que gracias a tanta discusión soy más abierta de miras.
Por la noche me pasó otra cosa curiosa, me pasaron un vídeo por whatsapp con unas declaraciones de Alfonso Guerra incitando a algo sobre el ejército y Francia y me dijeron que ya tenía tema para otro post. Y no quiero estar en este berenjenal.
A veces se me va la olla y hablo de política, y sé que no lo tengo que hacer, pero lo hago, no lo puedo evitar. No debería hacerlo porque me falta mucha formación, siempre digo que lo mío es política de sofá, o de barra de bar, he leído libros sobre temas que me han interesado, he discutido mucho con mi hermano, le he pedido que me explique bien cosas que no entiendo sin miedo a parecer retrasada, mejor pecar de ignorante y preguntar que seguir siéndolo, y que mi hermano me dé razones no quiere decir que esas razones me convenzan. Lo que seguro no me convence es la falta de razones. Hace un tiempo una conocida me llegó a preguntar si votaba al PP y me llamó facha (así, gratuitamente) por cuestionarle su falta de razones para el independentismo. A mí es que, lo siento mucho, la emoción no me puede cuando me paro dos minutos a pensar. Tengo mis razones para creer en una Catalunya independiente, a pesar de nuestros políticos y a pesar de los políticos que mandan en binomio PP-PSOE en el Estado Español, pero si no me das razones, mal (¡Ojo! Que no quiere decir que el que yo tenga mis razones crea que éstas son más válidas o mejores que las de otros, eh? Son las mías, no tienen porque ser correctas y puede que sólo constituyan una verdad particular, o ni si quiera eso, apuntar a la verdad es apuntar demaisado alto. Siempre estoy dispuesta a escuchar las razones ajenas, pero dadme razones.).
Ahora mismo tengo la sensación de vivir en una sinrazón contínua, y estoy hasta el moño y eso que hoy llevo el pelo suelto. Así que me planto. Se acabó escribir de política. A hablar siempre estoy dispuesta, se aceptan cafés o discusiones amistosas en los tiempos muertos en el trabajo, se aceptan llamadas o conversaciones de whatsapp largas. Y sobretodo, se aceptan valerianas, que parece ser que convienen.
Gracias a los que me han leído y perdón por haberme metido dónde no me llamaban. Volverá a ocurrir, seguro, pero espero que no sea en los próximos días.
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