dimecres, 27 d’abril del 2011

El secundero de algún reloj de cuco se ha parado y ha encallado las horas de una noche larga, que transcurre a duras penas entre las idas y venidas de notas de fondo. Voy y vengo por amaneceres intuídos detrás de los ventanales, con el pelo recogido para asomarme a esta ventana, que no es la misma en la que amanezco, sinó en la que me asomo las noches largas cuando los secunderos de los cucos se paran.

Espejismos de otros amaneceres se me aparecen ante los ojos hinchados de tanto evitar que los párpados caigan y entre en otro mundo, uno onírico, si me apuras utópico. Amaneceres, ¡muchísimos amaneceres! De colores naranjas y rosados, muy trendys, con el rumor del mar entrando por el ventanal, con el pijama pegado a la espalda del bochorno, con la vida lista para ponerla en remojo y después secarla al sol, con lujos y tumbonas, quizás con un libro para cuando me tumbe de espaldas, con el iPod a punto para cuando los berridos de algún insufrible infante quejica y caprichoso choque con el rumor de las olas, y para colmo, gane; o para cuando algún reprochable adulto quiera compartir su, todavías más reprochable, música con el resto de almas veraniegas chupando vitamina D como sanguijuelas, o como banqueros en épocas de crisis aumentando beneficios. Amaneceres azules, color hielo por la neblina que enfría las noches y precede cielos añiles y verdes -no los cielos, en los montes, en los prados, en el reflejo de aguas desheladas- soleados, algún mugido incierto, quizás un relinchar, si la valentía se levanta de cara y deja la manta -¡qué gusto dan las mantas en verano!- tirada por ahí, de cabeza a la gélida agua del río o de algún lago de cuento, muy muy lejano a metros en hora punta, prisas, ruidos, luces y aturdimientos. Sin municipales por llegar, con sus tediosas campañas de pueblerinos insulsos que juegan a mandar, sin presidentes del gobierno hastiados y hastiantes (mis disculpas por no aprovechar el basto léxico de la lengua cervantina), sin oposiciones desmemoriadas que, en el colmo de la arrogancia electoral, ni se molestan en prometer engaños. 

Amaneceres de días preciosos que culminaron con terribles atardeceres. Amaneceres terribles que culminaron con espléndidos atardeceres. El porvenir luminoso, con tormentas localizadas, a veces eléctricas, a veces llovizna. 

Ha amanecido detrás del ventanal, el secundero habrá echado a andar de nuevo...

dimecres, 30 de març del 2011

tengo una amiga que...

Tengo una amiga que siempre me dice que hay que joderse, que ella me compró por hippie y que mírame ahora. A veces me da rabia, otras me hace gracia, otras me resulta indiferente y otras, simplemente, no lo entiendo. En lo esencial soy igual, mordaz cuando no creo que alguien se merezca la indulgencia de mi simpatía, con un carácter de perros cuando la gota colma el vaso, con la cabeza caliente cuando tendría que mantenerla fría para no perder las maneras, y con una boquita que no sé cerrar cuando toca. 

Pero sí que es cierto que no todo es igual, en mi aramario no hay la misma ropa, ni llevo el pelo rojo. Aunque sí que guardo muchas de las cosas que llevaba entonces, me las puedo poner en carnaval con una flor en la cabeza, o en verano para pasear por la playa. 
 El monstruoso imperio de la moda no deja de reinventar el boho chic, la moda de los setenta, las flores de los sesenta, el new romantic, el tejano como prenda it, la mezcla entre la haute couture y el low cost, y al final lo único que buscan es respirar una bocanada de aire fresco, de la libertad que todo mortal ansia. La pena es que después ellos encorsetan con el se lleva esto, se lleva lo otro; las fashionistas se vuelven locas, las chonis intentan ser pijas, las quieroynopuedo llevan la marca en grande, para que el mundo se percate de que llevan tal, y lo único que hacen es chonizarse, pero no, ellas son las reinas del estilismo. (Y aquí podríamos abrir el horripilante capítulo del Lomanismo, esa señora con tanta clase y que suda glamour mezclado con paillettes, que se vuelve de lo más vulgar en un anuncio de Burger King, apareciendo en los peores programas, no reconociendo la edad que tiene y que cada vez sabe llevar menos. Ella -y qué envidia tan poco sana-, que se va a París para comprar en Prada porque no tienen el mismo producto que en Serrano, oiga usted).

Entre todo este caos desmesurado que es el mundo de las tendencias, hay una  franja media, que podemos leer Vogue o Elle, criticar los estilismos de los Goya, los Óscar, o cualquier red carpet que se nos ponga delante, pero sobretdo, que al final vamos como nos da la gana. Porque a la hora de apañarte y salir de casa creyéndote la diosa del Olimpo, como en la guerra, más vale maña que fuerza. Y es que, ¿qué quieres que te diga? Si no puedo salir de casa calzada en unas Louboutin, con ese total look de Gucci que se lleva tanto este año y que consiste en combinar colores incombinables, y con un Prada colgando de la mano (medio caída), pues tendré que echarle imagianción, ¿no?

Que si hoy no me apetece salir de casa con los vaqueros rotos y las converse (lo de los vaqueros es una pena, porque grandes firmas rompen los suyos y te los venden a precio de chalé en Marbella), lo primero que tengo que hacer es saber que hoy no me pondré las converse porque a mí no me da la real gana, porque yo estoy igual de estupenda con converse que con chanclas que con esos terribles zuecos que se pusieron de moda el verano pasado y que siguen ahí como una tendencia monstruosa. Porque para ser diosa del Olimpo, una, al menos, se tiene que creer reina de su cuerpo y de sus ganas, querer sus imperfecciones y adorar lo que sea a lo que podemos sacar partido (y normalmente, ahí también entran las imperfecciones, por eso hay que tenerles tanto aprecio). ¿Que sólo tengo camisetas viejas en el armario? Daré las gracias a que se lleve el new grunge, que hay celebrities más pordioseras que cualquier mortal en un día de campo y montaña. Me pondré mi camiseta básica, echa polvo, y para compensar me habré alisado el pelo, puesto crema hidrante en la cara y dado un poco de máscara de pestañas, que parece que no, pero hace milagros, por no olvidar el corrector, que si algo tenemos todos claro, es que en el Olimpo descansaban suficiente como para no tener ojeras. Aprovecharé que tengo agujeros en las orejas y me pondré esos pendientes que nunca me pongo, las pulseras de 4€ de Blanco, y como no hay mortal que día a día ande subido a esos tacones que tenemos reservados para festivos y fiestas de guardar, hoy me pondré las merceditas, que no llueve, y me pensaré que tengo que comprarme unas oxford, que ese british se lleva mucho, y me vendrán genial para mezclaras con el look navy, que ya llega el veranito. Si llueve sacaré los botines, que ahora está todo permitido y me los puedo poner hasta para pasear por Córdoba en pleno agosto, con sus 40º a la sombra.

Y después de haber ejercitado el quererme como la mortal que soy, con sus días grises, sus días rojos y su vie en rose, sabré que no hay inmortal en el cielo de los dioses que irradie más divnidad que yo. 

Incluso con el pañuelo en la cabeza y la falda larga de flores, que, fíajte, son must de este verano. Un ole por mí, que nunca fui choni por ser hippie y este año me podré ahorrar una pasta en looks de playa.

dijous, 3 de febrer del 2011

¿sabes que pasa? Que a las puertas de los 96, querida, seguirás con las mismas inquietudes...

No te sorprendas cuando te acerques al espejo y no veas ninguna diferencia entre ayer y hoy. No te asustes cuando te vuelvas a acercar y descubras que el mundo ha pasado a través de ti.
Más te vale no desquiciarte pensando en que no puede ser este abismo, que algo tiene que estar mal en ti, que tienes que ser bipolar, o una loca, o todo junto. O quién sabe.
Alguna vez se comentó algo de las contradicciones que albergas, de cómo un sí y un no se retroalimentan cuando viven en casa de la srta. Elena Iglesias Serrano. No me voy a repetir, que puedes ir dos posts más abajo y releer (que parece que este blog está hecho para ti). Pero lo dicho, que no pierdas el Norte por mirar al Sur. Y que no te de miedo dejar de encontrarlo si desvias la mirada hacia otro lado.

Que si algo tienes de bonito, además de otras cosas bonitas, es que cuando sonríes (cuando lo haces de verdad, nada de esas veces que lo haces por compromiso con la vida, que nos conocemos), cuando te invade esa ola -llámale felicidad, positivismo, fe, lo que te venga en gana, lo que necesites en ese momento-, paras el mundo y tu felicidad siempre regresa a ti. Lo bonito de ti es que siempre sabrás volver a esos momentos en que los sueños eran tan infinitos que no se hacían tangibles. En que el dolor era menos dolor, que duraba cinco minutos y hacía daño a medias. Qué bonita que eres cuando haces que el mundo se vista de rosa, y de verde, y de naranja, y de morado, y de amarillo fosforito.

Qué bonito es cuando, de pronto, el mundo te pesa. No porque sea placentero. Sí porque quiere decir que, a pesar de los miedos, te has hecho grande (que no mayor). Qué bonito que les pongas pies de plomo a tus decisiones para que no se las lleve el viento, y sobretodo, para que no te las arranquen de las manos. Qué bonito que seas grande y sepas que tienes que luchar más. Qué bonito que veas que la lucha no se ha terminado. Qué cansado. Qué angustioso. Qué migraña que no se te quita, qué malestar en la tripa que no se pasa. Qué bueno que sepas que hay que seguir andando a pesar de todo. Qué bueno que hayas encontrado lugares, momentos, gentes, gestos, que te acompañen en el camino, que te sirvan de puente cuando el foso se abre.

No temas, corazón -porque si algo eres, es...-, a que pasen los años. Que siempre abrirás interrogantes, que la vida siempre te sabrá a poco y a mucho. Que hay que levantarse cada día, y de todos, hay que empezar a vivir cuando se tiene más ganas de dejar morir el tiempo.

Que, pase lo que pase, siempre llegará el punto en el que sonrías de nuevo, y yo quede subrayada con florescente.

dimecres, 5 de gener del 2011

cerezas en diciembre

cierra los ojos, que acaba de cruzar el cielo el cometa de oriente. los magos la siguen, con el oído en alerta, qué será lo que les susurraremos, qué será lo que les pediremos a gritos, qué será lo que tendrán que leer en lo más profundo de nuestras carencias, y de nuestras querencias también.
pide lo que quieras que esta noche todo es posible.
sssssshhhhhh.
ssssshhhhh.
sssshhh.
sshh.

querida estrellita, te pido un deseo, y que sus majestades tomen nota. el rumor de las olas, el olor a sal. y otro. una cerveza en buena compañía. y otro. una postal eterna que siempre me haga sonreír. y otro. los brazos que siempre me han levantado, dándome la mano una vez más. y el aire fresco en primavera. y otro. mi fuerza de voluntad contra mi desgana, y gana la primera. y otro. un concierto que me haga temblar. en directo, una canción que me haga recordar quién fui y me haga soñar en quién seré, y mientras tanto, la disfrute siendo la de ahora. y otro. que las heridas duelan menos, que tu nombre no queme en la gargante de otros. y otro. muchos abrazos que no puedo dar siempre que me gustaría. y otro. un avión despegando, la emoción de conocer, de enamorarse de un paseo, de resplandecer con un paisaje, de descubrir rincones a flechazos. y otro. verte más. y otro. que las derrotas no sean las vencedoras. y otro. que no te pesen fracasos, que recuerdes que siempre se avanza. y otro. que lo recuerde yo también. y otro. que recuerdes que no estás sola ni solo. y otro. que aprenda a confiar en términos medios. y otro. que recupere revoluciones de otras épocas. y otro. que no me pierda en lo que podría haber sido y no soy. y otro. el paseo del prado, el palacio de cristal, el templo de debod, la plaza mayor. y otro. y otro. y otro. y otro. y otro. y otro. y otro. y otro. y otro.

que se pueden comer cerezas en diciembre, y florecer en otoño, y que la alegría llegue cuando se congela la ciudad.

dissabte, 11 de desembre del 2010

vamos a hacer un experimiento. cierra los ojos fuerte fuerte fuerte, tan fuerte que te duelan de tanto apretar. ¿ya está? pues ahora vamos a cambiar comienzos, a desviar caminos ya tomados y a reescribir finales. no es tan complicado, ya lo verás.
ahora puedes relajarte un poco, pero nada de abrir los ojos ¿eh? sino, todo lo que has apretado al principio no servirá para nada, y lo bueno del dolor es que sea limpio, que sea sano. imagínate el paisaje más bonito que has visto nunca. el más más más bonito. si tienes suerte, lo habrás vivido, sino, lo habrás soñado despierto. da igual, no importa, hará el mismo efecto.
¿estás allí? perfecto. es muy importante que tengas muchas ganas de estar allí, porque vamos a tener que hacer una mudanza, siempre tan pesadas y cansadas.
empezamos con la mudanza. puede parecer fácil, coger de las estanterías y colocar en cajas según lo que se guarde. pero tendremos que tener paciencia, aunque seguro que lo consigues.
en la primera caja tienes que colocar las sonrisas que te acompañan en los días grises. o en los días rojos -quién sabe si estarás delante de tiffany's con un café para llevar en una mano y un baggle en la otra, como audrey en desayuno con diamantes-. las sonrisas en los días grises son el salvaconducto de la nada a la porción diminuta de entusiasmo que te hace curvar los labios, salvándote el día. dicho de otro modo, son imprescindibles para ser un superviviente. no cierres la caja, quién sabe si en cualquier momento la mudanza se vuelve gris y aparece una sonrisa improvisada para meter en la caja.
en la segunda caja colocaremos los abrazos. los buenos, los de verdad. los que duran un segudo eterno. los que reconfortan, los que tranquilizan. los abrazos en los que te podrías dormir sintiéndote a salvo de todo. las sonrisas dan el instante de luz, los abrazos consiguen tirar de él, que el instante sea lo largo que uno necesite.
la cuarta caja irá repleta de manos. de tu mano con la mano de quien anduvo, de quien anda, a tu lado. la mano a la que te agarraste cuando flaqueaban las fuerzas, la mano que estrecho la tuya cuando te paralizaste, la mano que, simplemente, acompañó un trozo de tu camino. ellas hacen la vida. en esta misma caja también puedes meter algún pie, dar pasos con la persona correcta en el momento correcto no se puede perder en una mudanza, tiene que guardarse como el mayor de los tesoros.
¿cómo va la tarea? ¿has sonreído mucho? ¿se han abierto llagas? ¿ha dolido? no te preocupes, son meros gajes del oficio.
ahora viene la peor parte, deja las cajas y coge sacos, que lo que tenemos que empaquetar ahora es muy pesado y una caja sólo empeoraría las cosas. más peso a lo insoportable. es un don que sólo tenemos los humanos.
abre el primer saco y guarda todos tus rencores. todos. ¿qué ocurre? ¿no lo consigues? prueba con la rasqueta, y rasca y rasca. ¿estás sangrando de tanto rascar? los rencores siempre dejan heridas, cicatrices. el rencor no es más que un dolor tan insoportable que necesita de alguien más para llevar la carga. lo siento, pero sólo tienes dos opciones, o que queden restos, o que quede cicatriz. sí, sea lo que sea, pierdes. sea como sea, apura al máximo también.
al segundo saco que se vayan los odios. sin más.
al tercer saco, los llantos. el desaliento. la desesperanza. la desilusión. la decepción. el desencanto. la desidia. el hastío. las caídas. el abandono. la miseria.
¿cuántas heridas has abierto con los sacos que no abriste con las cajas? ah.... puede ser. puede ser que hayas abierto las mismas heridas. ¿cuántas de las sonrisas de las primeras cajas ponen punto final a los síntomas del tercer saco? ya veo... y todavía te sobran sonrisas ¿no? qué bien hacer balance positivo... la balanza todavía se puede desequilibrar. pero, ¿de verdad? ¿de verdad andaste de la mano con todas las personas a las que odiaste? ya... qué paradoja. qué complicada es la vida. sabes que pasa... que el odio (que no la indignación por las injusticias, el desprecio a la autoridad totalitaria, el horror ante la maldad humana) suele ser el extremo punzante del amor. sólo una línea, y nunca hacemos caso cuando nos lo dicen. ¿y qué pasa con las cicatrices que ha dejado la rasqueta? una cicatriz... siempre estará ahí. no se va. una mancha en la piel, como las que salen después de una quemadura dolorsa a causa de cinco días de playa sin protección solar, tampoco. la balanza anda a tientas, y parece que las boslas tienen un peso pesado, nunca mejor dicho. pero cuando me abrazaste... fui incapaz de sentir ningún dolor, de notar ninguna cicatriz.
¿lo has entendido? ¿has visto que tienes que hacer?
tienes que buscar en las cajas, remover en la luz y sacar ese instante de lucidez. colocarlo en el desvío que creíste equivocado. en el final que siempre se supuso devastador. en el principio que desearías que no hubiese existido.
no se trata de cambiar lo vivido. que, oye, a lo hecho pecho y no se puede volver atrás.
pero, ¿quién sabe?
quizás cuando abras los ojos después de haber apretando tan fuerte, tan fuerte, tan fuerte, el destello de luz sea tan grande que no sepas dónde has dejado los sacos después de la mudanza.

dimecres, 24 de novembre del 2010



Mi corcho en su pobreza casi extrema. Está bien renovar, es necesario, imprescindible, pero cuando un cuadro de imágenes se queda en cueros -salvando las prendas que cubren sus partes más íntimas-, vestirlo de nuevo nunca es tarea fácil. No lo quieres ver vacío -de lugares, de momentos, de gentes-, pero necesitas que haya espacio para el mañana. No puedes prescindir de tal gente, pero si quieres hacerlo de tal momento. O al revés. Te gustaría quedarte con cierto momento pero te gustaría prescindir de cierta gente. Y tú, que dejaste huella y ya  no estás, ¿te quedas o te vas? ¿Qué hago con esas pintas que me espantan pero la sonrisa de esa foto no es como en ninguna otra? Se necesita un cambio y se juega con un espacio de tantos cm x tantos otros cm hasta desdibujar lo vivido, hasta soñar lo que queda por vivir. Y piensas... Ésta foto irá aquí. Coleccionaré este momento e irá al lado de mi hermano y de mí vestidos con cuadros escoceses y terciopelo. Pero ¿cómo podemos tener tales certezas? ¿Y si lo reciente lo desborda y no queda espacio para el ayer ni para el mañana? Y soy alguien muy necesitado del ayer, y del mañana para que el ayer no se repita. ¿Y las personas que faltan? ¿Y los momentos que no están? ¿Por qué minutos que te hacen sentir viva al recordarlos no tienen cabida en un corcho? ¿Es necesario que sea tan selectiva? ¿Y si un día me faltas y no estás? Al darme cuenta no tendría más remedio que echarme las manos a la cabeza y pensar "¿qué ha sido eso? ¿cómo pasó?". ¿Y si un día te echo de más y ya has hecho el corcho tuyo y has impregnado tanto que es imposible echarte? Entonces pensaría, "qué necia fui, dejar que te quedaras aquí, darte tanto espacio sabiendo que todo es tan volátil". Y cuando las imágenes del corcho se vuelven tan dolorosas que no las puedes quitar pero tampoco puedes permitirte el lujo de saber que están ahí, ¿no es un riesgo para ser sólo un corcho? 
Quizás le vista para salir de party, y en este momento sólo necesito un modelo de tarde. 

Por suerte, siempre puedo volver a desnudarlo y vestirlo. 
Y las instantáneas que se van del corcho, se van a un álbum no al contenedor azul. Por si un día tengo que echar mano de ellas, muy brevemente, que las pueda encontrar entre las páginas cálidas de los instantes de luz. 

dilluns, 15 de novembre del 2010

¿qué hace una chica como tú en un sitio como éste?

Escucho a Pepe Risi, o a Loquillo, y te veo.
¿Qué clase de aventura has venido a buscar? ¿Qué haces aquí? ¿Cómo encajas en este rompecabezas? ¿Qué piezas de los puzles que habitas te completan?
Tú, la eterna niña de los ojos tristes (sigues teniendo carita de pena, pero no me mires con tus ojos tristes), y de la perpetua sonrisa (algunas duermen a la luz de la luna persiguiendo sueños imposibles). Hasta tus facciones se llevan la contraria.
Vives abarcando tanto que ningún sitio es tu lugar, que el mundo entero es tu hogar y tu te desperdigas por allá donde pasas para dejarte entre las olas del mediterráneo, los bares de madrid, y tu revolución personal en las tierras del cono sur.
Nadando como puedes entre la rebeldía y los años. Rescatando tus necesidades del fondo de tus compromisos de otras épocas. Con tu aro a los 25 y tus tacones pisando fuerte, los labios pintados de rojo y que no se diga.
Tan frágil y tan fuerte.
Tan inquieta y tan persistente.
Siempre buscando, siempre encontrando... más preguntas que responder.
Tú, "mujer fatal", y a la vez la que advierte, "no intentes atraparme, he aprendido a volar". Pregunta y respuesta.
Cómo no andar de tu mano, cómo no saber que siempre hay un abismo que sólo tú puedes dejar cruzar.
Contradicción entre las contradicciones.

Tú, faro. Siempre brillarás para los que no sabemos dónde encontrar.