Los paréntesis ya tienen eso, que se abren... y se tienen que cerrar después. De pronto estoy en Londres, de pronto estoy en la Mater. Cómo son las cosas, paréntesis cerrado, yo que pretendía quedarme colgada de las nubes hasta el sábado, aterrizaje forzoso y coscorrón contra el mundo, que me había evadido demasiado y el día a día toca a la puerta, pero que no se crea la vida, que pongo resistencia y me he venido con una maleta como de mudanza, que necesito que me de el aire fresco del mar.
Londres atrae y añora a partes iguales. Cuatro días lloriqueando (no tanto, la verdad, pero alguna queja ahora sí, ahora también) por lo poco que vimos el sol, por las botas que se me terminaron de romper con la lluvia, por lo mal que comen, por el temor a perder mi espléndido color de piel, que tantos ratos al sol me ha costado, por lo mucho que me dolían los pies al terminar el día, por lo caro que es el transporte público y las cosas tan molestas que hace (obras, paradas inactivas, líneas sin funcionar, que cierre tan pronto). Cuatro días imantada a la ciudad del (asqueroso) Támesis por muchas cosas, todas metidas en un saco hondo, y que a ver cómo coloco ahora: recordar bonitos momentos de la primera vez que fui, estar de vacaciones con mis padres, llegar a la habitación del hostal y comentar el día con Amanda, ver autobuses rojos por todos lados, la gente variopinta, la ciudad variopinta, ver siempre el edificio que me gusta (es un edificio con nombre, pero desde el primer día fue apodado como "el edificio que le gusta a la sandra / a la niña") siempre (o casi siempre) al horizonte, saber que no es allí donde pertenezco y que, por tanto, me puedo evadir del mundo y de sus gentes, la rara sensación de moverme mejor por el centro de Londres que por el centro de Barcelona, la enorme sonrisa al llegar a Trafalgar Square y la enorme satisfacción con la que entré y paseé por la National Gallery, el Big Ben de lejos, Covent Garden, los escaparates con CupCakes, las deliciosas tartas, y podría seguir largo y tendido. En un rincón privilegiado, una de esas personas que irradian luz propia, que te sacan una sonrisa nada más verlas, con la que estás tan a gusto que ningún tema de conversación es sorprendente porque, a nuestra manera, hemos crecido juntas durante muchos años, y también a nuestra manera hemos ido coleccionando recuerdos en los que siempre hemos sido apoyo, así que cambio una noche de fiesta por una sopa de miso, pero no cambio las horas en los taburetes del rincón más íntimo de Pret A Manger que me confirmaron, una vez más, que será complicado que quiera partir peras contigo, ¡bonita!
La conexión con el mundo empezó el domingo, por eso del #19J, para mantenerme al tanto de esta "revolución" que soñé a menudo y que ahora me pilla descreída, qué lastimica, de verdad. El caso es que con el llamamiento a las urnas firmé mi retiro de la removida opinión política, pero ¡va a ser que no! No es que me haga mucha ilusión, pero tengo que poner unos cuantos puntos en orden, en mi cabeza y en la cabeza de los demás, que debe haber alguien por ahí pensando que soy anarquista o que me como a gusto ciertos discursos demagógicos de partidos políticos, indignados y periodistas y, repito, ¡va a ser que no! Que para indigestarme con ciertas palabras, mejor me pongo a dieta de decires ajenos, a ver si además de perder kilos también pierdo jaquecas. Bien, allá vamos, y será lo que será.
1. No me gusta que me traten de apolítica, no me gusta que me metan en sacos generalizadores, no me gusta que piensen que no tengo opinión propia y que no pongo mis propios matices. Dicho esto, procedo. En los anteriores post, a favor de los movimientos de protesta social, en ningún momento me posicioné en contra de la política, se trataba de todo lo contrario, un llamamiento a las urnas y un llamamiento hacia una mejora de la clase política. Bien, reproches por generalizar con esto de "la clase política", pues aquí mi reproche por generalizarme en "la clase apolítica". Si bien la política de este país me parece indignante (oh, virgen santa, uso la palabra temida), reprochable a los políticos que la están llevando a cabo y denigrante para el ciudadano, no es que no crea en la política, es que creo que se tiene que aplicar una política mejor, que la política vuelva a ser medio para el ciudadano de a pie con políticos que nos representen. Porque, lamento decir esto, los que están ahí no nos representan, y mirad que no creo en el derecho, sino en la obligación de votar, pero lo cierto es que después esta gente a la que voto tiene una presencia muy justa en la vida política, y cuando la tienen es ignorada (vamos a dejar el capítulo del "meten la pata" a parte), así que siguen jugando los mismos, psoe y pp hacen malabares con el gobierno y nosotros no somos más que mandarinas estrelladas en el suelo por no saber jugar. Si alguien tiene que estar más satisfecho, lo diré de otro modo: el bipartidismo central NO me representa, la derecha catalana NO me representa, la IU que pacta con PP... ¡es como un manojo de ortigas!
2. El movimiento #15M y yo. Ya he hablado de la emoción que me produjo el inicio del movimiento, la gente echada a la calle, todos despertándonos de nuestra comodidad y uniéndonos en algo que iba mucho más allá de los peros individuales: la exigencia de una democracia digna y no anclada en una transición post-dictatorial de hace 30 años. Hasta ahí, perfecto. Después empezaron mis desavenencias, mis cosas que no entiendo (seguramente algunas que no quiero entender) y mis cosas a las que daría una patada en el culo. Me revienta cuando me dicen que no quieren actuar desde los partidos porque es ponerse al nivel de los partidos actuales; entonces ¿cómo quieres hacerlo? La política es necesaria, es el medio a través del cual transcurre la democracia, y entonces te dicen: "Estamos haciendo política a otro nivel" ¡patada en el pompis! No sé a quién le sirve ese argumento, pero en lugar de convencerme me echa pa'trás y es ahí cuando pienso... qué mal me sabe, pero así no cambiarán nada. En el congreso (la noticia era fresca ayer tarde, con la era de la sobre-información ya se ha quedado pa'otros ratos) se aprueba por unanimidad estudiar las propuestas del #15M, supongo que no tendrá nada que ver con las generales del 2012, para las que psoe y pp se arrancan los votos de las manos de uno en uno, con arañazos y todo, pensando que han tardado más de un mes en darse cuenta que esta gente pide (pedimos, no sé muy bien en qué persona verbal situarme) algo. Un algo que, por otra parte, sin un partido político que lo defienda dentro del congreso perderá su inquietud original y acabará siendo pasto del ...redoble de tambores... tststststs ¡birpartidismo de pandereta del estado español! Mal, mal, hay algo que falla. El problema no es el juego, el problema son las normas del juego, pero cambiarlas... ¡tienes que saber jugar con las normas que hay! Por otra parte, creo que se perdió (al menos en Catalunya, si es que alguna vez lo hubo) el sentido de la integración total, pero es que hay propuestas en las que no caben todos (república, independencia, leyes de extranjería, ...), que es lo normal, y por eso hay (o debería haber) variedad de partidos políticos; pero claro, si se prefiere seguir jugando al ahora tú, ahora yo... ¡después nos indignamos! Y me parece bien que nos indignemos, ¡pero también tenemos que asumir nuestra responsabilidad como votantes! No se le puede pedir más armas a la democracia si sobre la única que tenemos no ejercemos nuestras obligaciones.
3. Aclaración rotunda: ni soy experta en política, ni milito en ningún partido, ni me gusta que alguien me intente convencer con discursos que podría dar yo misma porque tengo la terrible sensación de que le pasa como a mí: que sólo entiende a medias de lo que habla. Lo siento, pero me han acostumbrado a los buenos discursos, creo que es lo mínimo que se debe exigir. Apúrense un poco, que no es para menos.
Con estos tres puntos, me vuelvo a retirar, vaya a ser que me líe más y la líe más, que siempre me lo han dicho: "Sandra, calladita estás más guapa".
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