divendres, 6 d’abril del 2012

Redención de sábado.

Que lluevan torrentes de abriles tormentosos. Que nos sanen las aguas y nos embriaguen las dudas. Que bebamos cerveza y brindemos por las incertidumbres, que no queden certezas en pie, que mañana sea un gigante con pies de barro y no sea seguro pisarlo. 

Que nos  lluevan primaveras sobre los hombros. Sin alergias ni polen, ni astenias ni kleenex. Que tu presencia revlucione los mundos, que recuerdes que eres un aquí y un ahora, para mí que te abrazo, para ti que debes quererte, para él que te sonríe, para ella que te necesita. 

Que el hastío se vaya, o mejor, que no llegue; que no nos haga echar de menos estíos sobresaturados de sol y playa, de turistas y latas de cerveza en la playa. Que echarte de menos sea un pro y no un contra, que mi penitencia de sábado santo no sea para ti. 

Que los fantasmas huyan de mí y no yo de ellos, que mi sonrisa gane partidas y tú pierdas miradas. Que te quedes de piedra y se te sequen las palabras nunca dichas, que jamás pronunciemos a doler, que jamás lloremos a matar. 

Que la suerte nos salve y el rosario nos huya. Que no hayan misterios de pasión ni de dolor, que el gozo perdure en los brazos, en las manos, en las yemas de los dedos. Que gane la cruz la pueda cargar, que el vía crucis pueda andarlo, que no se pida más de donde no queda nada dónde sacar. 

No me lleves a puertos inciertos, no pidas lo que no puedo darte, no busque soluciones que no tengo, no mires más allá de lo que te muestro, no invoques una perpetuidad que no te doy. No me digas para siempre, no me digas nunca jamás. No conjugues verbos en tiempos pretéritos, no conjugues verbos en futuro, no condiciones infinitivos, no me hagas aborrecer imperativos. No digas que no te avisé, no enciendas luces fundidas, no busques braseros ni calefacciones de butano. No dispongas del calor a tu voluntad, no quieras que me mate el frío. 

No busques la redención en otros, no escondas el perdón de ti.

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