dimarts, 29 de gener del 2013
Nada. Deseo breve.
Cerrar los ojos, apretar muy fuerte y desaparecer. Ni a una isla paradisíaca ni a perderme en el monte. Desaparecer. Un punto negro en medio de la nada, un segundo de suspenso en el vacío. Porque a veces el vacío es necesario. La oscuridad más absoluta, el más quieto de los silencios, la nada más inmensa y ser una leve sombra. Sin mañanas ni ayeres pesados que fatiguen las espaldas. Lejos de incertidumbres y ansiedades. Sin angustias ni dolores ni lágrimas a medias. Lejos del ir siempre tarde, de las carreras y las prisas, de las jornadas laborales imposibles y las horas de sueño escasas. Sin distancias ni añoranzas. Lejos de miedos y horas bajas. Una simple sombra, un yo desdibujado que apenas sea un retazo de todo lo vivido. Apretar los ojos muy fuerte. Y abrirlos con prudencia, intentando traernos un poco de nada a este todo que tanto sofoca.
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