La puntualidad no es una de mis mayores virtudes, cualquiera que se haya propuesto verme a una hora concreta se habrá percatado. Siempre voy tarde. No es que no haga las cosas con tiempo (he conseguido corregirme con los años), pero siempre hay alguna nimiedad que me entretiene por el camino y cuando quiero darme por enterada, ya estoy echando a correr porque no llego. Y es que lo peor de ir fuera de hora por el mundo, a parte de poner a prueba la paciencia de quien espera, es que siempre vas con la sexta puesta y las prisas en los talones, también en los empeines.
Por suerte, y porque tiene muchas ganas de dar guerra, se ha acabado correr de un hospital para meterme en otro. Que no me quejo, con tenerla en casa entera me basta y me sobra para respirar tranquila, dormir mejor (aunque no más) por las noches e ir con la cabeza alta y un semblante radiante por el mundo; pero eso no quita que los hospitales agoten las pilas hasta de los conejitos duracel. Qué queréis que os diga, si tengo que correr para darle un beso a mi abuela antes de ir a trabajar, al menos estoy a un minuto -de reloj- del autobús. No es lo mismo, ni ella, obviamente, hace la misma cara.
Hablando de hospitales que cansan, este mes en que TODOS los suplentes hemos hecho jornadas gratuitas por culpa de una mala e ineficiente gestión administrativa por parte de personal del Hospital Clínic i Provincial de Barcelona, que te tomen por el pito del sereno, cansa. Aquí es cuando se nota que trabajo para dos empresas, cuando ante un mismo problema, una de ellas ofrece una solución eficiente y considerada con el empleado, mientras la otra deja al empleado en una posición vulnerable y sin previo aviso. Quien también sabe que trabajo para dos empresas es la Agencia Tributaria, así que ha decidido sacarme los ojos y succionarme toda la sangre de mi sistema circulatorio, porque el hecho de no tener ni unos horarios, ni una posición, ni unos ingresos fijos es lo de menos. Os diré que sí, dos empresas, qué suerte (tal y como están las cosas, muchísimo, ningún problema en reconocerlo), pero un sólo servicio. Lo de las dos empresas es simplemente una peripecia administrativa que no tiene nada que ver con el trabajo que realizo; siempre llevo la misma bata blanca y uso los mismos códigos en SAP, no os vayáis a creer. Igualmente, una vez más, la estupidez del sistema se hace tangible al castigar a familias que, probablemente con sólo un miembro de la unidad familiar trabajando, necesiten esos dos empleos, figurémonos sueldos precarios -apenas existen otros-, para llegar a duras penas a final de mes. Toco madera, no es nuestro caso, pero a partir de ahora pediré cobrar en sobres blancos, que por lo visto ni gravan ni tienen importancia.
Seguramente en otros posts lo habré dicho de maneras más finas, pero ya no me quedan más palabras: vivimos en un país de mierda. No digo nada nuevo, lo sé, pero eso no quita que tenga un punto catártico soltarlo en la inmensidad de la red. Es una mierda de estado, con una mierda de gobierno, una mierda de sistema judicial, una mierda de constitución y unos ciudadanos con una mierda de mentalidad. Generalizo, sí, pero ahora concreto. Una mierda de mentalidad cuando nos hemos vuelto acomodaticios (aquí, la frívola y descerebrada durante la legislatura, soy la primera en reconocer el status de humano pasivo), cuando hay quien es capaz de "justificar" la corrupción con frases como 'es que es muy goloso, no sé si yo lo que haría', cuando la ciudadanía es irrespetuosa con la cultura vecina, cuando nos puede la intolerancia. Sobretodo, cuando la ciudadanía pierde la memoria: la memoria de ser un país emigrante y plural, la memoria de una post-guerra y una dictadura de cuarenta años, la memoria de la falta de libertad y de posibilidades. Ya nos han robado la fe en el sistema, la mayoría no tiene fe en la clase política (a mí todavía me queda un poco, por eso de la familia, porque es como he crecido, pero reconozco que están probando la paciencia de un santo y la fe de un mártir), y poco a poco van consiguiendo que perdamos la fe en la humanidad.
A marchas forzadas hemos aprendido a rescatarnos unos a otros, ya que los que debieran priorizar nuestro bienestar priorizan las necesidades de unas entidades bancarias corruptas y mal gestionadas. Hemos aprendido a sacar fuerzas de flaqueza, a sacar sonrisas vecinas y a congelar la propia para sobrellevar el día a día. No hay más opciones, no hay facilidades que las que nos proporcionamos a nosotros mismos y las que intentamos proporcionar a los demás.
Personalmente, me largo. 50 horas lejos... más lejos de lo que procuro estar día a día. Sólo espero que en estas 50 horas las cosas no vayan a peor (ya nos han demostrado que en el momento más insospechado, se lucen y... ¡chas! nuevo estreno en sus carteleras), pero vaya... ya lo digo, que me largo y volveré relamiéndome en la que, sin dudarlo, será una de las mejores experiencias hasta el momento, y en momentos futuros. A pesar de todo, la vida puede ser maravillosa.
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