Hace poco menos de un mes ya lo decía, que cuando llegase a perder 30 kg, éstos tendrían sus cinco minutos de gloria en el blog, y ciertas promesas están para ser cumplidas. Por dignidad, por amor propio, por motivación personal, y si puede ser ajena, mejor. Porque hay caminos de largo recorrido que uno no sospecha que puede llegar a recorrer y después de un largo trecho va bien poner las cosas en orden, o intentarlo al menos. ¿Qué mejor espacio que éste?
Aviso que será un post largo del que no saldrá ningún milagro. La clave, como en todos los propósitos de esta vida, está en uno mismo, en las ganas y la fuerza de voluntad. A partir de ahí, siempre, hacer lo que se pueda y lo que se sepa, con el tiempo se va combinando y a medida que puedes hacer más, también sabes cómo hacerlo mejor. No es más que una pauta básica aplicable a tantos otros aspectos cotidianos, repito que no tengo el secreto de la piedra filosofal, que los 'de hoy para mañana' no son buenos aliados, y que la paciencia, sobretodo con uno mismo y con todas nuestras imperfecciones. En definitiva, quererse mucho, para variar.
Quererse lo suficiente para aceptar que hay una situación de partida que no es la más conveniente, quererse mucho para decidir que tu bienestar es tu prioridad. Y quererse mucho para creer que lo puedes lograr. Sí, lo sé, el rollo de la autoestima y yo, pero es lo que hay.
Como no sé por donde empezar, lo haré con la pregunta del millón: ¿Qué dieta has seguido? Ah, amigos... La respuesta será larga.
Hace algo más de dos años (empecé a hacer dieta el 16 de mayo del 2011), cuando decidí que ya había tocado el fondo de lo poco saludable, empezabas a oír por todos lados las recetas mágicas del método Dukan, así que los que quedábamos en mi casa (mis padres y yo) optamos por el trabajo en equipo y nos pusimos los tres a ello. Dejamos de lado hidratos de carbono, grasas de cualquier tipo, y todos los azúcares de pirámide alimenticia y nos dimos a las proteínas. Si ahora digo que no funcionó, mentiría. ¡Claro que funcionó! Los resultados fueron tan rápidos como la dieta cansada y poco saludable. Tema nutricional aparte (sí, el cuerpo necesita azúcares e hidratos para funcionar bien, también la mente), una dieta tan restrictiva resulta muy pesada y el final del túnel siempre es el mismo: el momento en el que te saltarás la dieta, es lo único en lo que acabas pensando, porque el sacrificio no equivale a la recompensa personal. Si esto empezó en mayo, en julio (dos meses en los que perdí más de 9kg a una velocidad espeluznante) decidí que me tiraban más las bravas que las barritas de surimi y hasta ahí mi idilio con las proteínas.
Durante unos meses, me esforcé lo mínimo por mantenerme, hasta que una gastroenteritis me hizo perder 2kg en 24h y me lo tomé como reset de mi propio cuerpo.
Entonces empecé mi particular cruzada contra las grasas, los hidratos y cualquier cosa que fuese sustancialmente calórica. Como las reglas me las había puesto yo, era más fácil seguir el juego. Obviamente, me cansé de no comer algunas de las cosas que más me gustaban y que, con más obviedad todavía, no pasaban por el filtro calórico. Fue así como empecé a flexibilizar el tema de las comidas, porque me apetecía mucho comer pizza, y como sabía que no la podía comer para cenar, me guardaba un trozo para desayunar al día siguiente. Ahí entendí que para sobrevivir a la 'dieta' tenía que asumir que me hay cosas que siempre apetecen y que sólo había una solución: ir haciendo equilibrios.
En el último año he ido aprendiendo a comer, me he dedicado a reeducar a mi cuerpo y a mis necesidades, y sin fórmulas mágicas he ido encontrado pautas básicas con las que me siento cómoda, que aplico con pocas dificultades y que me hacen fácil lograr pequeños objetivos. La base es comer de manera muy muy sana, equilibrar excepciones y ser paciente con los resultados, la báscula y tu cuerpo. Dejo lo aprendido por aquí, por si os sirve. Es lo más parecido a un milagro que puedo ofrecer.
- El refranero es sabio (este año nos está quedando muy claro lo del cuarenta de mayo), aplícalo: 'Desayuna como un rey, almuerza como un rico y cena como un pobre'. La lógica es aplastante. La energía que consumimos durante el desayuno nos da gas para todo el día, mientras que lo que nos metemos entre pecho y espalda a la hora de cenar no va a ningún lado, al menos no a ninguno provechoso.
- Deja lo del brunch para las resacas, seguro que ya sabes lo de las 5 comidas. Personalmente, me parece complicadísimo aplicar esta teoría (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena), porque siempre tengo la sensación de que alguna de las comidas se solapa con otra (si trabajo de mañana, me sobra la merienda. -almuerzo demasiado tarde-, si trabajo de tarde me sobra la media mañana, si trabajo de noche... bueno, si trabajo de noche hago lo que puedo), así que aplico la norma de las cuatro horas. Se trata de no dejar que pasen mas de cuatro horas sin comer para que el cuerpo no pierda la sensación de saciedad y no nos apetezca asaltar nuestra despensa y la de la vecina.
- El cuerpo necesita todos los grupos de alimentos, se trata de saber tomarlos en su medida y cuando corresponden. Un plato de fabada a las diez de la noche te hará un, no precisamente flaco, favor, mientras que una ensalada de lentejas y hortalizas crudas es una opción fantástica para almorzar una vez por semana. La fruta sienta fenomenal, es una bomba de salud para el cuerpo, sin embargo no es recomendable tomarla para cenar porque el cuerpo no será capaz de gestionar toda esa fructuosa, ya que difícilmente necesitaremos las energías que proporciona. Como no soy experta en el tema, recomiendo que indaguéis un poquito, que seáis un poco selectivos con la información y seguro que conseguís resolver dudas o aclarar conceptos.
- Lo integral no hace milagros, pero sí aporta su pequeño granito. Nunca mejor dicho, porque lo integral no es más que el grano cereal entero, cáscara incluida. Es en la cáscara donde se acumula la fibra que ayuda a regular el aparato intestinal, así que siempre serán una opción más sana (además, están menos procesados, lo que implica que tienen menos porquería). Pero, ¡alto! Esto no nos da vía libre a atiborrarnos de productos integrales, engordar... engordan casi igual.
- Haz del chocolate tu aliado. Si te pierde el dulce es la manera más sencilla de aliviar esa ansiedad que parece que arrastramos siempre por un trozo de bollo. Una onza o dos de chocolate del 70% están más que permitidas y son más que saludables. Te quitarán mucho estrés y será una batalla ganada a todo tipo de golosinas, además, con el tiempo verás que esa necesidad de tener un donut en la boca ya no forma parte de ti.
- Sé una pro de los frutos secos. Eso sí, siempre crudos, sin aderezos y en cantidades prudentes. Lo ideal es llevar siempre encima una ración 'diaria' para que nos salven un poco la vida. Son un chute de energía de lo más saludable. Ideal para acompañar medias mañanas o para cuando tienes la sensación de haberte quedado sin pilas y todavía tienes mil cosas por hacer.
- Di que sí a tus caprichos, pero cuando el 'una vez al año no hace daño' deje de ser excepción y se convierta en hábito, preocúpate. Sólo estarás disfrazando tus malos hábitos de buenas intenciones. Cuando te concedas un capricho, siempre ten claro que después la báscula tardará más en bajar, que tendrás que esforzarte (ejercicio físico) un poco más y que los milagros no existen. También tienes que tener claro que si estás pasando al 'lado oscuro' -momentáneamente, claro- es porque te apetece, así que disfruta de tus caprichos (siempre con moderación) y deja el sentimiento de culpa para crímenes mayores.
- Intenta descifrar la información nutricional al comprar, que no es tan difícil, al menos de la manera más básica. Te ayudará a comprar lo que realmente necesitas y te tirará para atrás a la hora de comprar productos que no aportan nada positivo a tu organismo.
- Come lento y bebe mucha agua. Además de ser técnicas saciantes, tienen otras ventajas. Cuanto más lento comas, menos devores y más mastiques la comida, más fácil será el proceso digestivo y el cuerpo podrá asimilar mejor los nutrientes. Lo de beber mucha agua no nos viene de nuevas a ninguno, mantiene limpio el organismo, nos ayuda a no retener líquidos, etc; no hay ni una sola desventaja en beber entre 1'5 y 3 litros de agua al día.
- Diferencia entre hambre y sed. Cuando el calor acusa o hemos hecho algún esfuerzo físico, tendemos a confundir hambre con sed. Trata de hidratar siempre antes de alimentar, y verás que muchas veces lo segundo no es necesario
- Aprende a comer fuera de casa, tanto a la hora de llevarte una tartera como a la de pisar un restaurante. Evita llenar las tarteras de pastas, arroces y otros menús 'fáciles' toooodos los días, invierte en una vaporera de microondas y te ahorrarás tiempo, esfuerzos y comidas poco convenientes. Si comes fuera, escucha a tu cuerpo, si llevas un tiempo comiendo 'limpiamente' te pedirá cosas muy básicas, hazle caso. Comer fuera de casa y comer mal no tienen por qué ser sinónimos.
Seguro que me dejo cosas en el tintero, los cambios se deben adaptar orgánicamente a uno, las marchas forzadas siempre acaban con vehículos averiados y sólo tenemos un cuerpo en esta vida. Así que aprende a mimarlo y a quererlo, dicho de otra manera: aprende a mimarte y a quererte.
Sin duda, el camino recorrido hasta ahora me deja con la certeza de que los retos están para ser superados, pero sólo es posible si a uno realmente le apetece ponerse manos a la obra.
También tengo muy claro que he perdido 30 kg y ganado 30 complejos, pero también me he hecho más fuerte y, sobretodo, he ganado la seguridad y confianza suficientes para saber que puedo acarrear con ellos.
Sé que sin un entorno dispuesto a ponerse de mi parte, esto hubiese sido mucho más complicado. Esto va desde mis padres que se han acostumbrado a que coma diferente y siempre tienen en cuenta mis necesidades hasta los amigos que no te critican por pedir pollo a la plancha o hamburguesa de tofu pero tampoco te condenan el día que decides que te apetece una tapa o un helado.
He aprendido a encajar halagos y también a hacerlos. Por ejemplo, hoy ha sido muy gratificante que me felicitasen vía instagram o mi familia o mis compañeras de trabajo. Las pequeñas victorias personales son más gratificantes si se comparten. Así que aprende a decir cosas bonitas cuando lo creas necesario, porque son un tesoro para el que es capaz de reconocerlas en el otro y para el que recibe un pequeño premio por el esfuerzo.
Y aquí dejo un topicazo: cuando la meta quede lejos, date la vuelta y fíjate en que ya no ves el punto de partida.
P.s: Esta entrada tiene la profesionalidad de un espantapájaros, ninguna. Así que si me he expresado de manera poco acertada con todo el tema nutricional, pensad que sólo es la manera en que he interiorizado y expuesto lo que buenamente he aprendido/entendido sobre el tema.








En primer lugar, felicitarte de nuevo por el enorme esfuerzo y el objetivo conseguido.
ResponEliminaSe necesitan experiencias asi para animarnos a las que necesitamos poner punto y final a la XL y ver que es posible conseguirlo al ver el resultado en alguien más o menos cercano. Ya sabes que agota tanta dieta, productos saciantes, haz deporte, come bien...que lo haces durante meses y ves que la cisa no tira...
Por mi parte... empiezo hoy mismo! Informándome y leyendo sobre nutrición y poniendo en marcha mi operación:vida saludable y cuerpo 10. Pero sobretodo, gracias por el ánimo y tus consejos de la otra tarde.
Me reitero: Felicidades por haberlo conseguido!!
Muchichichichisimas felicidades San!
ResponElimina:)