La espera ha sido larga pero el resultado, lo prometo, merece la pena.
Ahora sí, sin interrupciones ni errores, diecinueve minutos (y dos segundos), que esconden el elixir de una tarde en Son Marroig que nos dejó maravillada, y los (súper exprimidos) días previos.
Veinte minutos de desconexión, de calor, pero también de calidez, de diversión, de buen rollo y de buena sintonía. Para tenerlos a mano siempre que los necesitemos, porque las temperaturas bajan o porque el ánimo se lo pide al cuerpo. Pasen y vean, que el espectáculo es gratuito y no tiene desperdicio.
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