dijous, 17 d’octubre del 2013

De vuelta al oasis. Sin recortes.

La espera ha sido larga pero el resultado, lo prometo, merece la pena. 

Ahora sí, sin interrupciones ni errores, diecinueve minutos (y dos segundos), que esconden el elixir de una tarde en Son Marroig que nos dejó maravillada, y los (súper exprimidos) días previos. 

Veinte minutos de desconexión, de calor, pero también de calidez, de diversión, de buen rollo y de buena sintonía. Para tenerlos a mano siempre que los necesitemos, porque las temperaturas bajan o porque el ánimo se lo pide al cuerpo. Pasen y vean, que el espectáculo es gratuito y no tiene desperdicio.



Cinc dies al paradís - Mallorca'13 from Sandra Martorell Cruz on Vimeo.

dijous, 3 d’octubre del 2013

Declaración de intenciones. Bienvenida al otoño

Por fin ha llegado el otoño. Digo que ha llegado, que empezar, por lo visto, lo hizo unos días atrás. Nadie lo hubiese dicho, con un uno de octubre minifaldero y pegajoso, como si nunca hubiese fin para un verano frío -el más frío de los últimos tiempos, vaticinaban meteorólogos apocalípticos- que, en realidad, no fue. Pero sí, por fin caen las primeras lluvias (y menos mal, porque el bochorno de ayer alcanzó niveles de insalubridad, segurísimo), algo tímidas para tanta nube amenazadora, permitiendo que el mundo gire según lo acordado. 

Y es que si hay algo común en la vida de la mayoría de los terrestres a primeros de otoño es que todo vuelve de puntillas a su lugar. Terminado el verano, terminado el imperio del caos. ¿El caos? Sí, el caos. Haciendo un repaso por encima tenemos las comidas mal planificadas y a deshoras, las copas entre semana -ya, ya, sé que a alguno esto le dura todo el año-, las siestas que se van de las manos y las noches en vela, el exceso de informalidad en todos los ámbitos imaginables; uno se dedica a contemplarse la marca del moreno en la playa, o a pastar con las vacas por el monte, y el mundo deja de existir. Entonces llega septiembre, con sus calores impropios para el mes, fastidiando a los que se fueron a la playa la segunda quincena de agosto y pillaron más lluvias que los pobres animalitos que se quedaron fuera del arca, con sus horarios completos y sus rutinas establecidas, poco a poco llega el octubre, el curso ya ha empezado, todo vuelve a funcionar, consciente o inconscientemente hacemos revisión de vida y entonces... ¡Plof! Nos estalla el cerebro con tantos propósitos extraviados. 

Cuando se trata de propósitos, el nuevo curso es la reválida de enero. Quien más, quien menos, vive algún acontecimiento que hace que salte la alarma y piense que septiembre, o los días siguientes, es un buen momento para volver a empezar: vuelven a empezar las clases, y eso siempre da una sensación de orden muy agradable, otros empiezan vidas nuevas después del verano y otros... bueno, siempre queda alguna serie que estrena temporada por estas fechas.  El caso es que, lejos de los propósitos -la mayoría incumplidos a estas alturas- de cada uno de enero, a primeros de otoño, a sólo tres meses de primeros de invierno y del fin de las voluntades humanas, abducidas por el espíritu navideño o el de las gominolas, como se os antoje; a primeros de otoño, decía, uno hace una declaración de intenciones en toda regla. Nada de abstracciones a largo plazo, sólo quedan tres meses por delante y el fantasma de nuestro yo vacacional está en nuestra contra, ¿pero qué cuesta un pequeño sprint?

Abrimos las agendas -porque sí, a no ser que seamos, o lo pretendamos, gentes muy respetables de las que tienen una agenda de piel con anillas y cada diciembre se apresuran a comprar el recambio para no perderse reunión alguna desde año nuevo, todos estrenamos agenda en septiembre-, dispuestos a anotar hasta los momentos en que nos toca inspirar y expirar. Que el despertador suene a una hora en la que no se aprecia lo mucho que nos gusta dormir por la mañana, yoga antes de desayunar, desayunar en condiciones para empezar el día con energía y buen rollo (habrás dejado las cosas preparadas la noche anterior, en un ataque de prevención -y locura transitoria-), y a parte de los menesteres ocupacionales de cada uno (trabajar, estudiar, sobrevivir), como mínimo media hora de workout (ejercicio de toda la vida, pero suena menos a chándal de táctel) y, si puede ser, una hora al menos tres veces a la semana, dejar un rato para leer las noticias completas y no sólo alimentarte de titulares de Twitter, tener en cuenta que antes de irte a dormir leerás un rato en la cama (por tanto, adelantar la hora de acostarse para no perder tiempo de sueño/descanso), pensar que tal día emiten esa serie en estados unidos (por ejemplo) y que al día siguiente tienes que dejar una hora libre para regodearte en ello. La lista de tareas diarias incluirán, como mínimo, dejar la cama hecha cada mañana, pasar el plumero y la mopa/escoba cada día y no dejar platos sucios al irse a dormir; seguir un ritual de hidratación cada mañana que incluya hidratante facial, hidratante corporal y cremas específicas (anticelulítica, pies agrietados, manos resecas) y un ritual de purificación cada noche, digamos que desmaquillante de ojos, desmaquillante a secas, gel limpiador, exfoliante dos o tres veces a la semana, tónico, crema de noche y antiarrugas. No sólo planificarás qué hacer, si no cómo hacerlo. Durante el fin de semana, minuciosamente preparado para disfrutar del ocio / vida social y del descanso a partes iguales, dedicaremos un par de horas a penar en qué comer durante la semana, sin pasar las 1000 calorías diarias, que la báscula se ha cobrado con ganas el despiporre estival y a sabiendas de que el fin de semana fue hecho para pecar. Te cortarás el pelo a menos dos veces antes de navidad (quién dice pelo, dice el medio centímetro que te corta la peluquera si le lloras mucho -nivel: súper experto- que 'sólo las puntas'), te arreglarás las uñas una vez a la semana, harás limpieza de armario aprovechando el cambio de temporada y no guardarás ropa por nostalgia. Además de estar al día en actualidad (porque, repetimos, te informarás más allá de los tuits de tu TL), estarás al día en tendencias, las revistas de moda tendrán un huequito en tu vida e irás a comprar sabiendo qué quieres. También crearás un sistema se ahorro para las vacas (más flacas), o para un auto-regalazo en navidad, o porque sí. Todo esto acompañado de ua lista de libros y películas que elevarán tu espíritu, tu capacidad de crítica y, sobretodo, tu pedantería. 

Serás una máquina de precisión. Hasta que te des cuenta, por enésima vez, que cuando suene el despertador lo pondrás cinco minutos más, otros cinco, y así sucesivamente hasta que te levantes de un salto porque no llegas a la ducha, ni a tus menesteres oficiales desbaratando la teoría del yoga, el desayuno y el sosiego de una. O que el tiempo que debieras haber dedicado al corpore sano lo has dedicado a buscar los tuits más frikis o a cotillear no sé qué en Facebook o en Pinterest. El día que tengas una tarde mala y una nómina no tan mala y vuelvas a casa con un montón de bolsas, la tarjeta temblando y encima no tengas dónde meter las nuevas adquisiciones porque has sido incapaz de hacer limpieza de un montón de trapos que no te sirven, aunque no quieras reconocerlo no te gustan y, sobra decirlo, no te pones (desde hace años). Ni hablamos de las cenas en las que te zampas las mil calorías de un bocado o de los fines de semana en que no apareces por casa. Una máquina de precisión, sí, cada curso nuevo la misma historia, sin margen de error.

¿Sabes que te digo? Que este post ya lleva dos semanas de retraso, a lo mejor es porque no tenía agenda nueva todavía. Pero, mira, no tengo ganas ni de pensarlo, que ya es viernes y las cosas siempre es mejor planteárselas los lunes. 

dimecres, 4 de setembre del 2013

La no-depresión post-vacacional. De regreso.

Llega septiembre y yo con estos pelos. Con el moño de boda, todavía, amanecí el primer día de mes sentada en mi habitual silla de administrativa de urgencias, con los ojos pegados y pocas parturientas que animasen el cotarro. La que no se ha asomado a verme, por la cuenta que le trae, es la depresión post-vacacional, y es que cuando trabajas los doce meses del año, de agosto lo único que esperas es que termine y con su 31 lleguen los regresos: que vuelvan a funcionar autobuses, trenes y metros, que los guiris vuelvan a sus casas, y que también vuelvan a la suya aquellos a quienes seguimos las vacaciones al dedillo por eso de echarles de menos sin la habitual cotidianidad. Puestos a regresar, en unas horas me planto en el aeropuerto, con la sonrisa de oreja a oreja, si no se me cae la cara de tanta ojera, y vuelvo a casa con un hermano debajo del brazo, quién querrá un pan. A finales de mes, más regresos, pero seguro que dan para otro post.   

Yo también regreso. Regreso de unos meses de estar de vuelta de todo y de algunos. Vuelvo a sabiendas de que no hay mayor suerte -más en los tiempos que corren- que tener a dónde y a quién regresar.  Sin regreso, espero, son los cambios, en infinitos aspectos, del último año. Siempre he pensado que Heráclito (es ese señor que hablaba de ríos) tenía mucha razón y que Alicia (en el país de las Maravillas) es una sabia por preguntarse a cada momento quién es y adónde va; que si uno no se pierde no podrá encontrar nuevos caminos, nuevas puertas de salida ni nuevas ventanas por las que colarse en un pedacito de mundo nuevo y que no hay nada más peligroso que aferrarse a lo que pudo haber sido y nunca fue, a lo que fue y ya no es, y a lo que es pero no queremos ver que viene con fecha de caducidad impresa, tiempo arriba, tiempo abajo. 

De donde sí regreso para volver es de cinco días en una porción de paraíso balear. No sólo por las aguas cristalinas de Formentor o Es Trenc, que también, ni por las tapas maravillosas (y con descuento) que nos zampamos en Valldemossa, desde luego no será por las curvas para bajar a su puerto; tampoco las cenas en casas espectaculares de Santa Ponça, que de tanta espectacularidad de la casa la cena venía con espectáculo incluido; no sólo es la tranquilidad de practicar la 'postura fácil' en medio de la calma absoluta del far de Ses Salines y definitivamente no fue aparcar en Palma cada noche; no fue cosa sólo de la suerte de vivir un enlace tan especial en un emplazamiento tan mágico como Son Marroig, aunque seguro que tuvo mucho que ver. Fue el compendio de todo eso y mucho más. La necesidad de evadirme del mundo y la facilidad de hacerlo sólo al poner un pie en el aeropuerto, los complejos perdidos en algún punto del camino, las no-preocupaciones durante más se 24 horas seguidas, sin interrupciones, ni sustos, ni malas noticias, disfrutar del dolce far niente en todo su esplendor, de pasear sin rumbo y no perdernos, de ver sólo el lado maravilloso de las cosas, del arropamiento tan especial que siempre siento con mis tíos (aunque a veces los especiales sean ellos), de la necesidad de nada más que lo que me rodeaba en ese momento, del silencio y las siestas a la orilla del mar, de las risas tontas y las tontísimas. Los gins, las cervezas... La compañía. 
Sin mi compañera de viaje, ni me lo planteo, este trozo de paraíso hubiese sido menos paradisíaco, menos acogedor, menos sereno y mucho menos divertido. Le debo confidencias, confianza y cinco días de cercanía e intimidad sin barreras en los que hemos sido más amigas que primas, y hemos vuelto siendo más familia que nunca. Ella ha sido el factor diferencial, ha hecho de estos días una experiencia única y fue un inmenso placer compartir silencios y charlas, ella con su cocktail y yo con mi gin-tonic, inquietudes y cervezas, ella con su cerveza, yo con mi tinto y las dos con una tostada de sobrasada con miel (que no duró mucho) delante. Ella hizo todavía más especial una ceremonia mágica con una pareja que irradiaba felicidad, lloramos juntas, nos resignamos juntas a altas horas de la madrugada (bueno, ella se resignó conmigo), y, sobretodo, nos emocionamos y maravillamos juntas. ¡Por no hablar de lo increíblemente preciosas que estábamos las dos! Las cosas como son, vuelvo más bonita gracias a los días vividos a su lado, y esa sensación es el tesoro que me traigo de regreso, el poder volver a sentirme así de calmada cuando la bruma aceche, sólo regresando, con los ojos cerrados y la mente abierta, a cinco días en la gloria. El regreso siempre servirá, al menos, para reencontrarnos con los pedazos de uno mismo que hemos dejado por el camino. Hasta ahora no se me ocurre mejor motivo para olvidar el rencor y la pereza del que siempre tiene que volver (con lo bonito que es tener dónde regresar). 

dimecres, 24 de juliol del 2013

'El mundo se derrumba y nosotros nos enamoramos'. Lejos de Casablanca y sin pantalla de cine, Ismael (Serrano) resuena melancólico en mi cabeza, recuerdo de alguno de sus conciertos, que el hombre es muy de repetir conceptos y hablar por los codos. Vete a saber. 

Hace mucho que no me enamoro, entonces será que el mundo se derrumba, si no de qué. Pensándolo mejor, no sabría decir si todavía queda algo por echar abajo, y si me pongo con el 'cerrado por derribo', pues lo mismo que Sabina, le canto a una cosa que a otra, que uno no ve más que runas allá donde pisa. Al final -o al principio-, optas por andar con los ojos cerrados a riesgo de tropezar y a favor de no ser declarado inmueble en ruinas tú también. 

Mantener los ojos abiertos a rajoy-no-dimite, rajoy-no-se-entera-de-lo-que-pasa-en-galicia-y-eso-que-es-gallego, las políticas machistas-retrogradas-medievales-abusivas-sumamentepeligrosas de Gallardón; a Bárcenas y sus ases en la manga, más de los que tiene una baraja; a 'on són els diners d'en Millet?', que ahora Convergència i Unió son menos copulativas y más disyuntivas, vamos, que no se juntan, y Mas diu que, mirin, tal i com estan les coses, millor un d'Unió que un Pujol a la palestra, tu, que no està la cosa com per fer gresca i que, ara que saben votar diferent, només pensin en votar a la resta, y no quiero ser vulgar, pero si todos se dedicasen a copular un poco más y a joder un poco menos, otro loro daba la serenata; a los interminables abusos del FMI, de la CEE, de los bancos, de las cajas; a el 'tonto el último', menos en I+D, que tonto el primero, lo malo es que se queda el dinero del listo, porque aquí sale muy caro y te hace muy pobre, que nos van más los listillos de medio pelo; a Wert y... con este hombre no sé ni por dónde empezar, pero pongamos, por ejemplo, que hablamos de las tasas universitarias; a la manipulación, la corrupción, la democracia ficticia, la poca credibilidad política, la falta de representación ciudadana; al por-qué-carajo-los-borbones-no-viven-debajo-de-un-puente; a la santa opinión de los obispos y su empeño en volver a un estado pre-transitorio; a las tasas de paro, a las incondiciones laborales; a los mitos que gobiernan mentes cerradas: la unidad nacional, la transición, todo es culpa de rajoy, todo es culpa de zp, los catalanes son malos, los madrileños son malos, no son independentistas, son insolidarios y desagradecidos, esto con franco no pasa... ¡¡¡¡¡FREEEEEEEEEEEEEEEEEEEENAAAAAAAAAAAA!!!!! ¡Qué mareo! ¡Qué sarta de despropósitos! Así no hay quien mantenga el equilibrio.

El mundo se derrumba y nosotros con él. Ésa es la verdad. Porque llegará mañana y seremos pedazos recompuestos de los restos que consiguieron quedar en pie: las personas que nos dolieron, los momentos que nos superaron, los temporales que no supimos prevenir, y todo lo que nos rompió en pedazos. Todo lo que nos hizo perder un trozo de lo que fuimos, perdiéndonos un poco, ya de paso. 

Con el tiempo -y dos o tres cañas-, las personas nos dolerán menos, los restos de lo que fuimos habrán echado raíces y nos harán fuertes. De tan perdidos, acabaremos por encontrarnos durante breves instantes de rara serenidad. 

Miraremos atrás y nos daremos cuenta de que el mundo se derrumbó y nosotros nos enamoramos, ni que fuese de los pesares que nos dejaban cerrar los ojos y andar a tientas. 

O eso nos conviene esperar.

divendres, 24 de maig del 2013

30 kg después o ¡menudo peso me he quitado de encima!

Hace poco menos de un mes ya lo decía, que cuando llegase a perder 30 kg, éstos tendrían sus cinco minutos de gloria en el blog, y ciertas promesas están para ser cumplidas. Por dignidad, por amor propio, por motivación personal, y si puede ser ajena, mejor. Porque hay caminos de largo recorrido que uno no sospecha que puede llegar a recorrer y después de un largo trecho va bien poner las cosas en orden, o intentarlo al menos. ¿Qué mejor espacio que éste? 

Aviso que será un post largo del que no saldrá ningún milagro. La clave, como en todos los propósitos de esta vida, está en uno mismo, en las ganas y la fuerza de voluntad. A partir de ahí, siempre, hacer lo que se pueda y lo que se sepa, con el tiempo se va combinando y a medida que puedes hacer más, también sabes cómo hacerlo mejor. No es más que una pauta básica aplicable a tantos otros aspectos cotidianos, repito que no tengo el secreto de la piedra filosofal, que los 'de hoy para mañana' no son buenos aliados, y que la paciencia, sobretodo con uno mismo y con todas nuestras imperfecciones. En definitiva, quererse mucho, para variar.

Quererse lo suficiente para aceptar que hay una situación de partida que no es la más conveniente, quererse mucho para decidir que tu bienestar es tu prioridad. Y quererse mucho para creer que lo puedes lograr. Sí, lo sé, el rollo de la autoestima y yo, pero es lo que hay. 

Como no sé por donde empezar, lo haré con la pregunta del millón: ¿Qué dieta has seguido? Ah, amigos... La respuesta será larga. 

Hace algo más de dos años (empecé a hacer dieta el 16 de mayo del 2011), cuando decidí que ya había tocado el fondo de lo poco saludable, empezabas a oír por todos lados las recetas mágicas del método Dukan, así que los que quedábamos en mi casa (mis padres y yo) optamos por el trabajo en equipo y nos pusimos los tres a ello. Dejamos de lado hidratos de carbono, grasas de cualquier tipo, y todos los azúcares de pirámide alimenticia y nos dimos a las proteínas. Si ahora digo que no funcionó, mentiría. ¡Claro que funcionó! Los resultados fueron tan rápidos como la dieta cansada y poco saludable. Tema nutricional aparte (sí, el cuerpo necesita azúcares e hidratos para funcionar bien, también la mente), una dieta tan restrictiva resulta muy pesada y el final del túnel siempre es el mismo: el momento en el que te saltarás la dieta, es lo único en lo que acabas pensando, porque el sacrificio no equivale a la recompensa personal. Si esto empezó en mayo, en julio (dos meses en los que perdí más de 9kg a una velocidad espeluznante) decidí que me tiraban más las bravas que las barritas de surimi y hasta ahí mi idilio con las proteínas. 
Durante unos meses, me esforcé lo mínimo por mantenerme, hasta que una gastroenteritis me hizo perder 2kg en 24h y me lo tomé como reset de mi propio cuerpo. 

Entonces empecé mi particular cruzada contra las grasas, los hidratos y cualquier cosa que fuese sustancialmente calórica. Como las reglas me las había puesto yo, era más fácil seguir el juego. Obviamente, me cansé de no comer algunas de las cosas que más me gustaban y que, con más obviedad todavía, no pasaban por el filtro calórico. Fue así como empecé a flexibilizar el tema de las comidas, porque me apetecía mucho comer pizza, y como sabía que no la podía comer para cenar, me guardaba un trozo para desayunar al día siguiente. Ahí entendí que para sobrevivir a la 'dieta' tenía que asumir que me hay cosas que siempre apetecen y que sólo había una solución: ir haciendo equilibrios. 

En el último año he ido aprendiendo a comer, me he dedicado a reeducar a mi cuerpo y a mis necesidades, y sin fórmulas mágicas he ido encontrado pautas básicas con las que me siento cómoda, que aplico con pocas dificultades y que me hacen fácil lograr pequeños objetivos. La base es comer de manera muy muy sana, equilibrar excepciones y ser paciente con los resultados, la báscula y tu cuerpo. Dejo lo aprendido por aquí, por si os sirve. Es lo más parecido a un milagro que puedo ofrecer. 

- El refranero es sabio (este año nos está quedando muy claro lo del cuarenta de mayo), aplícalo: 'Desayuna como un rey, almuerza como un rico y cena como un pobre'. La lógica es aplastante. La energía que consumimos durante el desayuno nos da gas para todo el día, mientras que lo que nos metemos entre pecho y espalda a la hora de cenar no va a ningún lado, al menos no a ninguno provechoso. 

- Deja lo del brunch para las resacas, seguro que ya sabes lo de las 5 comidas. Personalmente, me parece complicadísimo aplicar esta teoría (desayuno, media mañana, almuerzo, merienda y cena), porque siempre tengo la sensación de que alguna de las comidas se solapa con otra (si trabajo de mañana, me sobra la merienda. -almuerzo demasiado tarde-, si trabajo de tarde me sobra la media mañana, si trabajo de noche... bueno, si trabajo de noche hago lo que puedo), así que aplico la norma de las cuatro horas. Se trata de no dejar que pasen mas de cuatro horas sin comer para que el cuerpo no pierda la sensación de saciedad y no nos apetezca asaltar nuestra despensa y la de la vecina. 






- El cuerpo necesita todos los grupos de alimentos, se trata de saber tomarlos en su medida y cuando corresponden. Un plato de fabada a las diez de la noche te hará un, no precisamente flaco, favor, mientras que una ensalada de lentejas y hortalizas crudas es una opción fantástica para almorzar una vez por semana. La fruta sienta fenomenal, es una bomba de salud para el cuerpo, sin embargo no es recomendable tomarla para cenar porque el cuerpo no será capaz de gestionar toda esa fructuosa, ya que difícilmente necesitaremos las energías que proporciona. Como no soy experta en el tema, recomiendo que indaguéis un poquito, que seáis un poco selectivos con la información y seguro que conseguís resolver dudas o aclarar conceptos. 

- Lo integral no hace milagros, pero sí aporta su pequeño granito. Nunca mejor dicho, porque lo integral no es más que el grano cereal entero, cáscara incluida. Es en la cáscara donde se acumula la fibra que ayuda a regular el aparato intestinal, así que siempre serán una opción más sana (además, están menos procesados, lo que implica que tienen menos porquería). Pero, ¡alto! Esto no nos da vía libre a atiborrarnos de productos integrales, engordar... engordan casi igual.

- Haz del chocolate tu aliado. Si te pierde el dulce es la manera más sencilla de aliviar esa ansiedad que parece que arrastramos siempre por un trozo de bollo. Una onza o dos de chocolate del 70% están más que permitidas y son más que saludables. Te quitarán mucho estrés y será una batalla ganada a todo tipo de golosinas, además, con el tiempo verás que esa necesidad de tener un donut en la boca ya no forma parte de ti. 

- Sé una pro de los frutos secos. Eso sí, siempre crudos, sin aderezos y en cantidades prudentes. Lo ideal es llevar siempre encima una ración 'diaria' para que nos salven un poco la vida. Son un chute de energía de lo más saludable. Ideal para acompañar medias mañanas o para cuando tienes la sensación de haberte quedado sin pilas y todavía tienes mil cosas por hacer. 

- Di que sí a tus caprichos, pero cuando el 'una vez al año no hace daño' deje de ser excepción y se convierta en hábito, preocúpate. Sólo estarás disfrazando tus malos hábitos de buenas intenciones. Cuando te concedas un capricho, siempre ten claro que después la báscula tardará más en bajar, que tendrás que esforzarte (ejercicio físico) un poco más y que los milagros no existen. También tienes que tener claro que si estás pasando al 'lado oscuro' -momentáneamente, claro- es porque te apetece, así que disfruta de tus caprichos (siempre con moderación) y deja el sentimiento de culpa para crímenes mayores.



- Intenta descifrar la información nutricional al comprar, que no es tan difícil, al menos de la manera más básica. Te ayudará a comprar lo que realmente necesitas y te tirará para atrás a la hora de comprar productos que no aportan nada positivo a tu organismo. 

- Come lento y bebe mucha agua. Además de ser técnicas saciantes, tienen otras ventajas. Cuanto más lento comas, menos devores y más mastiques la comida, más fácil será el proceso digestivo y el cuerpo podrá asimilar mejor los nutrientes. Lo de beber mucha agua no nos viene de nuevas a ninguno, mantiene limpio el organismo, nos ayuda a no retener líquidos, etc; no hay ni una sola desventaja en beber entre 1'5 y 3 litros de agua al día.

- Diferencia entre hambre y sed. Cuando el calor acusa o hemos hecho algún esfuerzo físico, tendemos a confundir hambre con sed. Trata de hidratar siempre antes de alimentar,  y verás que muchas veces lo segundo no es necesario

- Aprende a comer fuera de casa, tanto a la hora de llevarte una tartera como a la de pisar un restaurante. Evita llenar las tarteras de pastas, arroces y otros menús 'fáciles' toooodos los días, invierte en una vaporera de microondas y te ahorrarás tiempo, esfuerzos y comidas poco convenientes. Si comes fuera, escucha a tu cuerpo, si llevas un tiempo comiendo 'limpiamente' te pedirá cosas muy básicas, hazle caso. Comer fuera de casa y comer mal no tienen por qué ser sinónimos.





Seguro que me dejo cosas en el tintero, los cambios se deben adaptar orgánicamente a uno, las marchas forzadas siempre acaban con vehículos averiados y sólo tenemos un cuerpo en esta vida. Así que aprende a mimarlo y a quererlo, dicho de otra manera: aprende a mimarte y a quererte.

Sin duda, el camino recorrido hasta ahora me deja con la certeza de que los retos están para ser superados, pero sólo es posible si a uno realmente le apetece ponerse manos a la obra. 

También tengo muy claro que he perdido 30 kg y ganado 30 complejos, pero también me he hecho más fuerte y, sobretodo, he ganado la seguridad y confianza suficientes para saber que puedo acarrear con ellos. 

Sé que sin un entorno dispuesto a ponerse de mi parte, esto hubiese sido mucho más complicado. Esto va desde mis padres que se han acostumbrado a que coma diferente y siempre tienen en cuenta mis necesidades hasta los amigos que no te critican por pedir pollo a la plancha o hamburguesa de tofu pero tampoco te condenan el día que decides que te apetece una tapa o un helado. 

He aprendido a encajar halagos y también a hacerlos. Por ejemplo, hoy ha sido muy gratificante que me felicitasen vía instagram o mi familia o mis compañeras de trabajo. Las pequeñas victorias personales son más gratificantes si se comparten. Así que aprende a decir cosas bonitas cuando lo creas necesario, porque son un tesoro para el que es capaz de reconocerlas en el otro y para el que recibe un pequeño premio por el esfuerzo. 

Y aquí dejo un topicazo: cuando la meta quede lejos, date la vuelta y fíjate en que ya no ves el punto de partida. 



P.s: Esta entrada tiene la profesionalidad de un espantapájaros, ninguna. Así que si me he expresado de manera poco acertada con todo el tema nutricional, pensad que sólo es la manera en que he interiorizado y expuesto lo que buenamente he aprendido/entendido sobre el tema. 



diumenge, 19 de maig del 2013

Regalo de domingo: Buddha en vaqueros

Aquí no me pongo con nada mío, os dejo un libro cortísimo (un panfleto, que diría mi hermano) que me bajé gratuitamente de iTunes hace no mucho.  Buscando en Google no he encontrado mucho (tampoco me he matado), así que he decidido traducirlo y dejarlo en el blog. Espero que  lo leáis,  lo disfrutéis, lo releáis y lo apliquéis. Intentaré lo propio por mi parte. 

El título orirginal es Buddha in blue jeans, de un tal Tai Sheridan. Es corto, fácil y necesario. Espero que lo degustéis y lo disfrutéis. Y de la traducción... pensad que lo he hecho con la mejor de las intenciones.

Buddha en vaqueros


Siéntante tranquilamente

Es la práctica Zen más importante.

Es el aula para vivir una vida sabia y agradable.

Siéntate en cualquier lado y estate quieto:
En un sofá, una cama, un escritorio, dentro, fuera, apoyado en un árbol, en el lago, en el mar, en el jardín, en un avión, en tu oficina, en el suelo, en tu coche.
Los cojines de meditación también sirven.

Siéntate en cualquier momento:
Mañana, noche, un minuto, tres años.

Lleva lo que llevas puesto.
Desabróchate la cintura para que tu barriga se pueda mover al respirar.

Siéntate tan relajado como puedas.
Relaja tus músculos al empezar y mantenlos relajados cuando estés sentado.

Siéntate con la espalda recta pero no rígida.
Mantén tu cabeza derecha.

Ten en cuenta tus condiciones médicas. 
Realiza sólo posturas que puedas hacer.
Cualquier postura sirve.
Haz lo que puedas.

Mantén los ojos ligeramente abiertos y sin enfocar.
Cerrarlos te hará coger sueño y, a veces, ocupar tu mente.
Abrirlos te mantendrá con la mente ocupada.

Respira con naturalidad por la nariz. 
Disfruta el respirar.
Siente tu respiración.
Observa tu respiración.
Sé tu respiración.

Sé como un gato ronroneando.
Sigue tu respiración, olas del mar que vienen y van.

Cuando te distraigas,
vuelve a la más simple y básica
de las experiencias vitales,
tu respiración.

Esto es todo.

Sin creencias.
SIn programa.
Sin dogma.

No tienes que ser budista.
Puedes tener o ser de cualquier religión, fe, raza, nacionalidad, género, estado civil o capacidad.

Sólo siéntate tranquilamente,
conecta con tu respiraicón 
y presta atención a lo que ocurre.
Aprenderás cosas nuevas.

Hazlo cuando quieras.
Tú decides cuándo es suficiente.
Si lo practicas a diario,
te calará hasta los huesos.

¡Por favor, disfruta de sentarte tranquilamente!

El único modo de aprender a sentarse tranquilamente es hacerlo.


Cuida de tu cuerpo

Tu cuerpo es tu vida.
Por favor, trátalo con cuidado.

Habita tu cuerpo.
Vive amablemente en él.
Sé su mejor amigo.

Hiérelo lo mínimo posible.
Te sorprenderán las maneras en las que
estás conectado a tu cuerpo.
Es un aprendizaje contínuo.

Duerme bien y lo suficiente.
Come bien y no demasiado.
Muévete y estírate lo suficiente.

Acepta y vigila tus dificultades médicas.

Sabes lo que tu cuerpo necesita
para mantenerse sano y vital.

¡Po favor, disfruta cuidando de tu cuerpo!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Acepta tus sentimientos

Tus sentimientos son la respuesta
de tus tripas y tu corazón al mundo.

Todo  lo que sientas es válido.
Los sentimientos pueden ser difíciles.
Acéptalos.

A veces puedes confiar en ellos,
son respuestas honestas a la gente y las circunstancias.
Otras veces no se puede confiar en ellos,
son reccciones a la gente y las circunstancias.
Sigue identificando unos y otros.

Tus sentimientos te dirán
lo que realmente necesitas.
Aprende a ser amable 
con tus necesidades desatendidas.

Pide lo que quieras con amabilidad.
Respeta el derecho de los otros a decir
sí o no a tus necesidades.

Deja el egocentrismo de lado,
tanto como puedas.

¡Por favor, disfruta de tus sentimientos!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Haz sitio a tus pensamientos

Tus pensamientos sólo son tus pensamientos.

No son tu vida.
Son tus pensamientos.
Hazles un hueco tan grande como el cielo en tu mente.
Tus pensamientos pueden ser nubes que flotan a través.

Algunos son claros.
Otros sombríos.
Una creencia no es más que un pensamiento.

Una mente abierta no está atada a ningún pensamiento o creencia.

Los pensamienos pueden ser una cárcel.
Ver como vienen y van
te permite jugar en el universo.

¡Por favor, disfruta viendo el ir y venir de tus pensamientos!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


El dolor es natural

El dolor es una parte natural de la vida.
Aprende a aceptarlo.
Aprende a cuidar de él
lo mejor posible.

Quéjate menos.
Que sea menos el egocentrismo que lo rodea.
Todo el mundo sufre.

Respira y relájate
mientras subras
tanto como puedas.

¡Por favor, acepta el dolor!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Sé quien eres

No malgastes tu vida
intentando ser otro.

No malgastes tu vida
intentando vivir para lo que se espera que hagas.

No malgastes tu vida
imaginando la de otros.

No malgastes tu vida
viviendo las expectativas de otros.

No malgastes tu vida
envidiando a otra gente.

Sé auténtico.
Sé original.
Sé real.
Sé tú mismo.

Ganaste la lotería, naciste.
Ganaste la lotería, tú eres tú.

Eres Buddha en vaqueros.

¡Disfruta siendo tú mismo!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Apura cada momento

El ahora es todo lo que tienes.
El pasado es recuerdo.
El futuro es deseo.
El ahora es real.

Sigue regresando al presente.

Conéctate con tu cuerpo ahora.

Conéctate con la tierra ahora.

Conéctate con este lugar ahora.

Conéctate con la gente ahora.

Conéctate con lo que sea
que tienes delante tuyo ahora.

¡Disfruta apurando cada momento!


Es el Gran Amor.

El objeto de tu amor
no importa.
Tú eres amor.

Ama las cosas bonitas
y las cosas feas.

Ama lo familiar y lo desconocido.
Ama a la gente que te gusta y a la que no.

El océano del amor lo envuelve todo.

Tdoo en el universo eres tú.
Amarlo todo es amarte.
Amarte es amarlo todo.
No hay muros en el mundo del amor.

¡Disfruta amando indiscriminadamente!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Escucha a los otros

Escuchar a otros los reafirma,
los bendice, te conecta a ellos
y te armoniza con ellos.

Escucha sin horarios.
Escucha sin expectativas.

Escucha las palabras.
Escucha la experiencia
tras las palabras.

Escucha las posiciones corporales y las expresiones.
Esuccha la emoción en la voz.

Escucha sin tomártelo personalmente.

Escuchar te saca
de tu campo de egocentrismo.

Escuchar es amabilidad.

¡Disfruta escuchando a los otros!

Lo aprenderás sentado tranrquilamente.


Sorpréndete

Cada instante es una sorpresa.

Todo lo que ocurre es una sorpresa.
Cada experiencia es nueva.

Los acontecimientos no son tus ideas sobre ellos.
Sal al mundo sin expectativas.

¡Dsifruta sorprendiéndote!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Maravilla

El mundo es maravilla.

En la maravilla todo está conectado.

En la maravilla eres abierto.

En la maravilla eres libre.

En la maravilla eres feliz.

¡Disfruta la maravilla!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Vive con gratitud

Se te dió el regalo de la vida.

Sé agradecido por este regalo increíble.

Todo es un regalo.

Sé agradecido por todo.

Disfruta viviendo con gratitud.

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


No hieras

Haz lo que puedas para no herir.

Dañar ocurre porque somos humanos.

Perdona el daño de los otros.

Perdónate cuando tú hieras.

Sigue haciendo todo lo posible para no herir.

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Aprovecha la vida

Entrégate a la vida.

Entrégate a la familia.

Entrégate a la sociedad.

Entrégate a los otros.

Entrégate a la creatividad.

Entrégate a la tierra.

Entrégate a la humanidad.

Entrégate a la espiritualidad.

Entrégate a lo que importa.

Aprovecha toda la vida y da felicidad.

¡Disfruta aprovechando la vida!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.


Un deseo para el mundo

¡Haz feliz a todos los seres!

¡Haz uno todos los seres!

¡Haz que todos los seres tengan paz!

Lo aprenderás sentado tranquilamente.

dissabte, 27 d’abril del 2013

Sí, tengo un cuaderno de.

Éstas son esas horas de la madrugada de un sábado cualquiera en que, después del vino y los gins, de la cerveza y del cubateo, o del kali de último recurso, si me apuras, a uno se se le suelta la lengua y empieza a largar todo lo que se tendría que callar. Esos ratos en los que es mejor haberte dejado el móvil en casa para evitar el '¿pero qué coño?' del día-d, el de después. 

Como no es mi caso, voy a quitarme complejos de encima y voy a poner mi superficialidad y narcisismo en su estado más puro sobre la mesa. Lo diré de carrerilla, para que duela menos, y después ya me explico, lo prometo. Tengo que confesarlo, tengo un cuaderno de outfits. De verdad de la buena. ¿Que de qué leches estoy hablando? ¿Que qué es eso? No es más que una versión privada, analógica y cutre -aunque muy digna- de egoblog. ¿De qué? Que sí, que esto de las egobloggers si sabéis de qué va, que ya las he mencionado antes. Son esas muchachas que se recrean comentando -casi- a diario lo estupendas que van vestidas y lo genialísimos que son sus modelitos diarios, con más o menos razón. O para gustos los colores, vaya. 
Mi armario, que da de sí pero no da para tanto, mis pocas ganas de ser la más divina del lugar a diario y los dos dedos de frente que me quedan, impiden que sea una de esas, que suficiente ego hay este blog sin ser egoblogger. Pero sí tengo un cuaderno, una de esas libretas que te compras porque te encantan todas esas chuminadas y con las que no sabes que hacer, hasta que un buen día te despiertas con el guapo de fotos ya tomadas subido y te dices, '¿pues sabes qué? quiero acordarme siempre de lo estupenda que iba este día'. Antes de darme cuenta, estaba copiando a mano un viejo artículo del blog, del que me siento muy orgullosa, y que establecí como manifiesto de lo que iba a venir después... ...'después de haber ejercitado quererme como la mortal que soy, sabré que no hay inmortal en el cielo de los dioses que irradie más divinidad que yo'.

Desde que teclease esas palabras, un ejercicio sano y entonces necesario de autoestima, han pasado muchas cosas y he hablado de tantas otras en el blog: de política e ideales a raíz del 15-M, del alcohol que sube y baja, de las hormonas que todo lo alteran, de los cumpleaños de las personas que más quiero, o del mío propio, de lo que fueron las primeras veces con mi hermano lejos de casa, de cosas que me indignaron (y siguen en ello), con especial hincapié en el ministro Wert, sus desafortunadas palabras y sus repulsivas ideas -ahora me sorprende que otros se sorprendan con ese vídeo que corre por youtube, cuando es lo que --creo-- todos pensamos, y no son ideas nuvas- hacia el catalán, de propósitos que no se cumplen, aunque eventualmente sí, de los Goya, de la vida que pasa y de otras cosas varias. 

Cuando empecé el cuaderno mi armario era -literalmente- tres veces más pequeño que el que preside (porque la palabra no puede ser otra, ya que mi habitación es todo armario, casi) mi habitación y mi cuerpo -casi literalmente- el doble de grande de lo que es ahora. En estos dos años he aprendido a quererme mucho, y no físicamente (de los complejos que puedes llegar a coger en el tiempo que inviertes en perder peso hablaré -espero- en breve, porque los -30kg tendrán su minuto de gloria en este espacio de despropósitos), que también. Pero sobretodo, he aprendido a no quererme sin ser todo-lo-que-tendría-que-haber-sido, a lo que hoy puedo añadir y-además-no-quiero-ser. Habrá quien haya tenido una vida de lo más ordenada y no entienda de lo que hablo, pero dudo que esté leyendo este blog. Aunque, quizás más intensamente estos dos últimos años, los últimos cuatro, desde que volví de Madrid, han consistido en aceptar no ya muchos cambios en los vericuetos de la vida, sino el entender que las necesidades, las mentalidades y las búsquedas cambian. Aceptar que no, ya no eres ni -a Dios gracias- volverás a ser la persona de 15 años con ideales incendiarios latiendo en las venas, que no, no siempre te apetecerá leer las grandes obras de la literatura universal, que muchas veces preferirás best-sellers cutres (y lo digo ahora, que por fin he dejado de releer la triología de Grey), que te atreverás a decir en voz alta que la literatura beat puede llegar a ser desagradable hasta el extremo, que está muy bien que el mundo se haya llenado de hippsters o modernos o lo-que-quiera-que-sean fanáticos de Kerouac con la pretensión de hacer su propia versión de On the road (con las comodidades de ahora, una wifi decente y el smartphone a mano, por su puesto), pero que eso no le quita que a veces te entren ganas de quemar el libro y quemarte a ti con él mientras lo lees. Aceptar que por mucho que intentes ampliar tus horizontes culturales y abras tu mente a todo tipo de películas posibles, siempre acabarás viendo Grease o Dirty Dancing, algunos hasta Titanic o la versión esa de Romeo + Julieta de cuando DiCaprio era joven, ¡no digo más! ¿Y sabéis qué? ¡Que no pasa nada! Porque por mucho que durante el -mucho- rato que llevo escribiendo no haya dejado de sonar el último disco dels Manel, en el mismo Spotify está la lista original para el fin de semana rural en Carrascal del Río (un año atrás, más o menos) como testigo de lo bien que lo podemos pasar con la peor música, porque todos sabemos que si suenan las Spice Girls con su Wannabe hasta rescataremos algún paso de la coreografía que con tanto empeño nos aprendimos (y mejoramos) durante horas y horas de patio (recreo, para entendernos). Como colmo, recuerdo una noche en Low, para que nos entendamos, era un sitio de estos que es como un nido de modernos, y la única canción que reconocí y pude cantar en lo que pasé de noche ahí dentro fue la canción de apertura de 'Dragones y mazmorras', sí, los dibujos animados. Hasta ahí mi conflicto con esto de querer ser un cultureta aparente, ¡imaginaos! Además, para culturetas sin aparentar suficiente tengo con mi hermano.

Éstas son las armas que tenemos para sobrevivir: a la crisis, a los gobiernos, a los mercados, al vecino que chilla, a las cuentas que no cuadran, y a los que les descuadran los ceros a base de bien -y de muy mal hecho- en cuentas en Suiza, en las Caimán o en Andorra, a las cosas que no vienen de cara, y a las que además vienen de espalda y apuñalando, a las eternas dudas filosóficas (sobretodo al '¿adónde vamos?'). Así que sí, tengo un cuaderno de outfits para recordar que, cuando quiero, puedo resplandecer por mucho que el mundo pese sobre mis hombros, o los de otros. Así que sí, la ligereza es el arma que queda ante la gravedad de las circunstancias, y para poder llegar a, si quiera, rozar la levedad... a veces será necesario andar de puntillas apenas rozando la superficie. Y sí, habrá momentos en que será saludable aferrarse (durante un rato) a la superficialidad. 

¡Ah! (suspiro), y qué difícil será no reprochárnoslo después...

...y qué bien sentará el nanosegundo en el que no nos estemos juzgando, para variar.